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Seguridad vial v/s cultura vial

Sikem Smarth

Lunes 30 de enero de 2017

Cada año, son miles los chilenos que cuentan los días para disfrutar de los feriados que se celebran habitualmente en nuestro país. En este recién llegado año 2017, son al menos 20 fechas, de las cuales por lo menos siete de ellas son un día lunes o un viernes, por lo que, junto con los feriados, se vuelve causa obligada el salir de la capital para pasar estos fines de semana largos junto con la familia lejos del estrés de las grandes ciudades. Y junto con estas masivas salidas, se vuelven habituales las campañas tanto de Carabineros de Chile, como de otras autoridades, enfocadas a concientizar a los conductores a manejar con cuidado, a contratar un seguro automotriz y a respetar las leyes de tránsito.

Y es con justa razón que se deben vigilar y supervisar estos aspectos, ya que según cifras de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (CONASET), durante el año 2014, se produjeron 78.445 accidentes de tránsito, hubieron 1.630 fallecidos y 57.885 personas lesionadas. En ese sentido, son varios los cambios que ha sufrido la ley durante varios años, todos en relación a las penas y a las exigencias de seguridad en trasporte, como la creación de la CONASET en el año 1993, la introducción del alcohotest como medio de fiscalización el año 1996, la prohibición del uso del teléfono celular en el año 2005, la exigencia de cinturones de seguridad en buses interurbanos a partir del año 2011, y la renombrada Ley Emilia, vigente desde el 16 de septiembre de 2014, entre otras.

A pesar de que estas leyes son, sin lugar a dudas, parte importante del esquema legal que cumple la función de cuidar la integridad física de los ciudadanos, constituye un error no menor, desde mi visión personal, que se le preste el 100 % de atención tanto a los hechos inmediatamente relacionados con un accidente de tránsito y con su respectivo castigo al actor negligente que provocó tal siniestro.

Me explico: Se ha dado un enfoque bastante acertado en lo que tiene que ver con las penas de cárcel para quien se ve involucrado en un accidente de tráfico y, posteriormente, se da a la fuga o se niega a someterse a un alcohotest o a una alcoholemia, pero en este énfasis se ha obviado lo importante que es fomentar un cambio en la cultura y conducta civil de quién tiene licencia de conducir y de quién es peatón. ¿Qué significa esto?

La cultura vial de nuestro país es bastante pobre, si lo vemos desde la perspectiva tanto del peatón como del conductor. No hay que hacer un estudio muy acabado para saber esto, simplemente basta con conversar con quienes viven en primera persona la realidad vial de las grandes urbes: choferes que no respetan a otros colegas, peatones que cruzan las calles en lugares no habilitados para ello, peatones en estado de ebriedad transitando de forma peligrosa en la vía pública y todo lo que implica lo anterior. Muchos concuerdan con la idea de que la solución a estos problemas es aumentar las penas de cárcel para quienes violen la ley en estos aspectos, a pesar de que eso signifique una solución sin miras al futuro. ¿Por qué? Porque no se está educando a los futuros conductores (jóvenes en edad escolar, universitarios, y otros) ni a los peatones (todos los chilenos) a ser conductores responsables, y personas responsables. No basta con que el conductor entregue las llaves cada vez que va a beber una cerveza, el punto de inflexión subyace en la cultura (conjunto de conocimientos, ideas y acciones que caracterizan al conductor y peatón chileno) cambie a beneficio de la entera sociedad.

La conducta del chofer, como todo profesional que se desempeña en una actividad en la que una negligencia puede afectar severamente la vida de terceras personas, debe estar constantemente en conexión con la realidad de que sus acciones pueden impactar, no sólo en su propia vida, sino también en la de los demás. Esta verdad fundamental, por más utópica que parezca, debe ser parte de la filosofía de vida de todo conductor. De su buen trabajo como chofer depende la seguridad de quienes lo rodean.

Mientras usted lee estas líneas, quizás piense que jamás será posible lograr algo así, y la realidad vial de nuestro país no es tan alentadora. Sin embargo, no hay que cometer el error que constantemente se está haciendo en la mayoría de las políticas públicas: Llevar a cabo soluciones parche sin pensar en el largo plazo.

Probablemente, no veremos la solución a estos problemas ni en cinco, quince o veinte años, sin embargo, si desde ahora nos esforzamos como sociedad a concientizar y a educar a todos, especialmente a los más jóvenes, de todos los sectores sociales, en un futuro no muy lejano se podrán apreciar los frutos de sembrar con miras al bienestar común.

Sikem Smarth

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