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¿Por qué los cheques escolares?

Iván M. Garay Pagliai

Miércoles 26 de julio de 2017

Con no poca periodicidad hemos sido testigos de nefastas políticas enfocadas en destruir nuestro sistema escolar. A escaso tiempo de ser promulgada, ya el año 1992 la Concertación y el gobierno de Don Patricio Aylwin intentaban desmantelar la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, la cual producto de un acuerdo político vio su fin durante el año 2009. A comienzos de la década de 1990 nuestro sistema escolar recibió uno de sus más perniciosos ataques, a saber, el Estatuto Docente. Luego vinieron una serie de iniciativas las que han culminado con los proyectos estrellas del segundo gobierno de Michelle Bachelet, tendientes a construir un totalitarismo escolar.

Junto al lucro, el copago y la selección ha coexistido en nuestro sistema escolar otro mal según las izquierdas, aquel es el sistema de financiamiento, denominado con cierto tinte peyorativo como voucher. El día 5 de julio del pasado año, luego de que la Cámara de Diputados aprobara en general el Boletín 10.368-04 que mandata la centralización de las escuelas estatales, tanto las diputadas Camila Vallejo como Carol Cariola, junto a representantes de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios y del Colegio de Profesores, señalaron lo imperioso de cambiar el actual sistema de financiamiento de la educación escolar por uno basal, el que permita, incluso mantener operando proyectos educativos que no cuenten con alumnos que lo respalden. Al parecer allí se halla la próxima gran reforma al sector, la que terminaria por desmantelar el mejor sistema escolar de américa latina.

Ciertamente el sistema de subvenciones escolares utilizado para financiar a las escuelas es perfectible, como cualquier otra obra humana, pero aquello no significa desecharlo por completo, y mucho menos cambiarlo por un sistema de financiamiento basal. Es necesario mencionar que el objetivo en la década de los ochentas al implantar el sistema de financiamiento escolar con el cual cuenta Chile hoy en día, era contribuir a aumentar la matrícula y lograr que los alumnos se mantuviesen yendo a clases. Hoy la necesidad es otra: mejorar la calidad de la educación.

Lo que corresponde hacer es profundizar las virtudes del actual sistema, sobre todo las que inciden en la calidad, siendo la principal de aquellas la opción de elegir que permite. Para lograr lo anterior resulta perentorio trasparentar el monto de la subvención y hacerla portable físicamente, convirtiéndola en un real subsidio a la demanda. Esto además permitiría incorporar lógicas de mercado a un sistema escolar cada vez más estatizado. El modelo descrito es conocido como cheques escolares.

La fórmula anotada fue popularizada por Milton Friedman el año 1955 en un documento titulado: “El papel del gobierno en la educación”, donde señala que una manera de conseguir mejores resultados, de reintegrar la enseñanza a las salas de clases, en concreto, para quienes hoy se encuentran en las peores condiciones, es entregar a todas las familias un mayor control sobre la educación de sus miembros, similar a la que disfrutan las de ingresos más elevados. Posteriormente en sus libros “Capitalismo y Libertad” y “La Libertad de Elegir” Friedman prosigue afinando la idea, la cual llega a tener el reconocimiento de J. Stiglitz, quien anota en su libro “Economía del Sector Público”, que la forma más simple para acceder a la elección de los establecimientos educacionales, de que las familias tengan incidencia en ellas son los cheques escolares. La propuesta ha sido apreciada incluso por autores que plantean la nula injerencia del Estado en el ámbito escolar.

El que las familias puedan elegir la educación que desean para los suyos no solo es importante porque les entrega un lugar preponderante en el sistema escolar, sino que también debido a que genera un incentivo en las escuelas a preocuparse de las preferencias y necesidades de aquellas. Interesadas las unidades académicas en atraer y mantener a los alumnos en sus aulas, irían respondiendo a lo que desean las familias. En ambientes suficientemente competitivos, las familias podrían escoger proveedores de educación con diversos sellos y perfiles, proveedores que se esmerarían en entregar un servicio de calidad, la cual actualmente en nuestro país, lamentablemente es accesible solo a unos pocos.

Ciertamente un sistema de cheques escolares por sí mismo no resolvería todos los problemas de nuestras escuelas y educando, pero es el primer paso para tener un sistema escolar de clase mundial, con un impacto social mayor que el producido por la introducción de la libertad económica hace unas décadas en nuestro país.

Iván M. Garay Pagliai

Director Ejecutivo de Cheque Escolar

 

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