Pablo Ortúzar (IES): “Un gobierno sin relato es débil y fácil de ser asaltado por grupos de interés”

1
427

El investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad dijo que este gobierno tiene más sustancia que el anterior, pero todavía no es suficiente. Agregó que para gobernar ocho años necesita anclarse en principios sólidos y fijar prioridades defendibles y convincentes.

HACE UNA década aproximadamente que la centroderecha viene hablando de la construcción de un relato que los defina y les permita conquistar y mantenerse en el poder. Sin embargo, no han logrado construir una narrativa común debido a la colisión de visiones al interior del bloque político.

Desde Inglaterra, Pablo Ortúzar, investigador del IES, conversó con EL MURO y aclaró que la falta de relato no se debe a las diferentes opiniones que hay en Chile Vamos en torno a los temas valóricos, aunque sí reconoció que ha desviado la atención respecto a la instalación de la agenda social del gobierno, que se supone es la viga central de esta administración, y que a su juicio, si no se instala bien ahora, será torpedeada cuando comiencen las protestas.

¿En qué quedó la idea del relato de la centroderecha?

Se ha logrado avanzar, aunque mucho más lento y con más resistencia de la que pensábamos. Piñera le ha intentado dar prioridad central a los más necesitados, puso a su mejor hombre en el Ministerio de Desarrollo Social, pero hace falta mucho todavía para que esas prioridades se hagan carne políticamente en la derecha. Hay muchos actores políticos dedicados a cualquier otra cosa, y el discurso tampoco está claro todavía. Lo que sí, nadie puede negar que este gobierno tiene bastante más sustancia que el anterior. El tema es que todavía no es suficiente.

¿Esa necesidad de relato sigue vigente?

Por supuesto. Más que nunca. La izquierda está agotada política e intelectualmente, y creo que es justo y necesario darle un descanso para que vuelva a articularse. Ya quedó claro que volver al poder sin proyecto profundiza el problema en vez de corregirlo. La derecha tiene una responsabilidad republicana respecto a la articulación de una visión política sustentable, ponderada y justa. Si quiere gobernar ocho años necesita anclarse en principios sólidos y fijar prioridades defendibles y convincentes.

¿A Sebastián Piñera le acomoda la ausencia de relato?

Piñera tiene una mente privilegiada que lo hace comprender mejor algunas cosas, ver cosas que el resto se pierde, pero que también le genera sesgos y problemas que otras personas no tendrían. Por ejemplo, es una persona brutalmente literal. En su primer gobierno estaba decidido a acercarse a la DC, y lo hizo poniendo un ministro ex DC, lo cual salió pésimo.

Esta literalidad, que es una especie de pragmatismo mal entendido, le hace muy difícil comprender la dimensión simbólica de la política y de la autoridad. Eso lo hace medio iconoclasta y también divertido, como cuando le regaló unas piedras del desierto a la reina de Inglaterra, pero al mismo tiempo le pone cuesta arriba la instalación de un relato político. Sin duda para él es mucho más fácil ser un administrador que un dirigente. Pero la historia y el momento le exigen ser un dirigente.

¿Es difícil gobernar sin relato?

Claro, es lo que mucha gente del mundo de la empresa no entiende. Gobernar implica lograr legitimidad y autoridad mediante el consentimiento de los gobernados. No es como una empresa, en que uno dirige a los empleados y es responsable por los resultados.

Acá hay que convencer a la mayoría de remar en tal dirección, de que las prioridades son estas y no otras, de que conviene hacer un sacrificio ahora para lograr tal o cual beneficio. Eso exige apelar, al mismo tiempo, a las razones, las emociones, al interés, al buen gusto, al bien común y a la justicia. Es un arte de lo más complicado. Un gobierno sin relato es un gobierno débil, fácil de ser asaltado en sus prioridades y en su agenda por cualquier grupo de interés que grite más fuerte.

¿La falta de ideas programáticas se debe a que hay diferentes visiones al interior del sector en torno a temas como ley de aborto, identidad de género y matrimonio igualitario?

No. No es la diferencia de corrientes lo que empobrece el relato. La pluralidad, de hecho, puede fortalecerlo. Lo que hay es frivolidad, superficialidad y anti-intelectualidad. Muchos políticos desprecian las ideas, y piensan que son cosas de académicos encerrados en torres de marfil, y que ellos tienen un contacto especial con la “realidad real”. Pero no es así. Introducir ideas en política no se trata de que se discuta en el Parlamento sobre Kant. De lo que se trata es de articular visiones de justicia y prioridades que nos permitan remontar el corto plazo y la farándula electoral, y de ese modo avanzar como país. Pero estamos muy lejos de eso.

Pongo el caso del debate entre “liberales” y “conservadores” por la Ley de Identidad de Género: los argumentos de Evópoli en la prensa han sido puro supremacismo moral, corrección política e individualismo progre. Los de la UDI, en tanto, han sido igual de pobres, pero en sentido contrario, meramente reaccionarios. Ninguno de ellos sirve para gobernar un país; ninguno de ellos le hace justicia a la complejidad del problema enfrentado, pero se contentan con agarrar portadas de diario y posar de campeones de la diversidad o de la moral y las buenas costumbres. Ha sido un bajo espectáculo, que además ha desviado la atención respecto a la instalación de la agenda social del gobierno, que se supone que es la viga central de esta administración, y que si no se instala bien ahora, será abatida cuando comiencen las protestas.

¿Los más conservadores deben abrirse a estos temas?

Los más conservadores necesitan una perspectiva más reflexiva y menos reaccionaria respecto a estos asuntos. Lo primero que deben discutir es sobre la relación entre ley y moral. ¿Es el aparato represivo del Estado el medio indicado para promover tal o cual bien? ¿Se logra el objetivo? Ser conservador no puede ser simplemente tener una lista de supermercado de temas prohibidos y colgarse del arco legislativo cada vez que se intente meter un gol en esos temas. Mucho menos cuando parte de esos cambios legislativos básicamente registran cambios sociales mucho más amplios que no han sido suficientemente combatidos por los mismos conservadores.

Por ejemplo, se critica que el matrimonio sea considerado por los activistas homosexuales como un mero certificado de amor entregado por el Estado, pero esa comprensión del matrimonio no la inventaron los activistas homosexuales; es la comprensión hegemónica en la sociedad actual, y pocas veces se han levantado voces en su contra. Entonces al final pareciera que el punto que los conservadores quieren hacer es en contra de los homosexuales y no en contra de una comprensión que ellos consideran errada del matrimonio.

Además hay una desmesura en las prioridades. Por ejemplo, los conservadores católicos le dan mucha más importancia a temas como el matrimonio homosexual que a la pobreza y al abuso contra los pobres. Ayer, de hecho, el Papa Francisco salió a pedir que se peleara por los pobres con la misma intensidad que contra el aborto. Hay un desorden de prioridades que nace también de un desorden en la comprensión del mundo.

¿La inmigración se está transformando en un elemento constitutivo de la sociedad chilena?

No. De hecho seguimos siendo un país con muy poca migración. Lo que pasa es que había tan poca, que el fenómeno se volvió rápidamente muy vistoso. También pasa que se concentra en algunos lugares con mucha mayor intensidad que en otros. Pero de ahí a ser “constitutivo” de Chile… estamos bastante lejos de eso. El problema es que como es un fenómeno tan novedoso, y como toda migración genera cierto resquemor entre los locales y los recién llegados, ellos pueden ser utilizados como chivo expiatorio por algunos políticos para ganar legitimidad frente a sus electores aprovechándose de sus prejuicios.

¿Cuál es el mensaje que debiera entregar la derecha a la ciudadanía?

En mi opinión, el mensaje central de la derecha debería ser la opción preferencial por los débiles, incluyendo a los sectores más vulnerables de la clase media. Todo orden social tiene víctimas, y ya es hora de que nos hagamos cargo de las nuestras. No se puede seguir barriendo la pobreza, la marginalidad, la explotación económica y la falta de oportunidades y acceso a servicios básicos de sectores completos de la población.

El Sename, las cárceles, los campamentos, los vendedores informales ambulantes, los inmigrantes vulnerables, los sectores urbanos y rurales postergados… hay muchísimo que visibilizar y hacer ahí. Y hay que convencer al resto de la población, incluyendo a los más ricos, de que hay una prioridad ahí, un compromiso que asumir, y sacrificios patrióticos que hacer. Por eso da vergüenza y rabia que alcaldes de derecha, como Virginia Reginato y Felipe Alessandri busquen votos pateando a los pobres en el suelo, criminalizando el comercio informal o culpándolos del déficit municipal.

Pero no sólo las prioridades son lo importantes, sino también el “cómo”. Frente a una izquierda que predica un estatismo ingenuo e irreflexivo, debe levantarse la bandera de la sociedad civil y del verdadero Estado subsidiario. Necesitamos recuperar tejido social en los sectores más postergados para sacarlos adelante. La lógica abstracta de los derechos no los ayudará. Tiene que haber una manera de proceder que opere más de abajo hacia arriba, con el apoyo de los que están en terreno y las organizaciones no estatales. El mensaje debe ser una visión y una técnica que nos diferencien de la izquierda.

¿Por qué en ocho años no han sido capaces de construir un relato sólido?

Yo creo que se ha avanzado, pero todavía no cuaja. Hay visiones e intereses encontrados. Cuando impulsamos junto a Hugo Herrera el documento de “Convocatoria” en el comité político de Chile Vamos nos dimos cuenta de que la visión economicista vulgar que muchos llaman “neoliberalismo” es mucho más extendida y defendida dentro del sector de lo que pensábamos. Y ese economicismo vulgar es super fácil de predicar: te dice “mi libertad comienza donde termina la del otro” (lo que implica que si el otro es “libremente” pobre y necesitado, ya que no es directamente mi culpa, no tengo ninguna obligación respecto a él), acusa de “egoísmo” al que apunte a las injusticias sociales, y predica una libertad que en la práctica es simplemente la libertad del capital para hacer y deshacer con las vidas humanas.

La última genialidad de esta derecha ha sido extender el “liberalismo” que predican para la economía, al ámbito de la moral sexual, porque cacharon que eso los hacía ver como progresistas, buena onda, abiertos de mente, sin arriesgar ni un poco los intereses del capital. Su discurso es de un voluntarismo extremo: cada uno tiene que ser libre para hacer lo que quiera, dicen, independiente de que algunos tengan mucho más poder que otros, lo que en la práctica se traduce en que los primeros hagan lo que quieran con los segundos.

Para peor, este mundo sólo concibe el orden social como conformado por Estado e individuos, y llama subsidiariedad a la intervención del Estado cuando el mercado no logra satisfacer las necesidades de los individuos. Es decir, algo nada que ver al sentido original de la subsidiariedad, que se preocupa justamente por el fortalecimiento del tejido social entre Estado e individuo, y muy cercano a la distopía tocquevilliana actualizada por películas como Wall-E. Ganar el debate a esta derecha no es fácil, porque no debate, es fáctica. Te trata de sacar del camino no más. No cree en los argumentos, sino en la fuerza y en la propaganda, y moviliza muchos recursos económicos, pero en el fondo es mucho más débil de lo que parece, sólo que hay que ser persistentes y valientes.

¿Se está volviendo a caer en una especie de discurso técnico con cifras y números?

Menos que antes, pero eso siempre será parte de la derecha. La derecha puede ser más que el gásfiter económico confiable, pero no menos que eso.

Por: Carola Oyarce/EL MURO

 

1 comentario

  1. Muy interesante la entrevista al sr. Ortuzar.
    Estoy de acuerdo con su tesis de fondo. Hay un punto, sin embargo, que me parece fundamental y es que cuando se hacen los análisis, se parte, de una premisa equivocada.
    El gobierno de Piñera no es de derecha. Sebastián Piñera, se ha encargado de proclamarlo más de una vez.
    Por citar otro ejemplo, Hernán Larraín ex presidente de la UDI, nada menos. Desde hace algunos años, viene repitiendo que nos es de derecha, y así…
    La cuestión de fondo, es que se está pidiendo un relato de derecha a un gobierno cuyo gobernante no se considera así mismo de derecha, o sea, algo imposible.
    Otra perspectiva, a mi juicio, que no calza enteramente con el diagnóstico, es pensar que ser derecha es ser conservador. La cuestión es más compleja.Hay quienes nos consideran de derecha y no nos identifica la etiqueta de conservador.
    Por último, identificar a los empresario o al capital con la derecha, no es razonable. Ahí está Luksic, Matte, con la carga de la colusión, etc. Ni que decir que los empresarios “aman a Lagos”.
    El liberalismo proge en la infancia de un partido, resulta muy interesante de advertir ya que allí están “los hijos”, de quienes se suponía eran de derecha.
    Tenemos un desafío importante, en orden a clarificar conceptos, lo cual no es irrelevante debido a que precisamente, esa crisis de conceptos, es la que ha llevado a una confusión enorme. En este sentido, el ejemplo del concepto de subsidiariedad, utilizado por el sr. Ortuzar, es una evidencia clara al respecto.
    Así, entonces, si no hay claridad en los conceptos, la ausencia de un relato, no merece comentario.
    Felicitaciones al entrevistado, por las interesantes sugerencias que se derivan de sus respuestas.

DEJA UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here