Los riesgos de gobernar bajo el dictamen de las redes sociales

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Hasta hace poco los gobiernos caían en la tentación de definir su agenda pública y prioridades según el termómetro de las encuestas de opinión. Hoy estos cuestionados instrumentos de medición han sido reemplazados por el mandato de las redes sociales, que en no pocas ocasiones terminan pauteando el accionar del Ejecutivo. La actual administración ya ha dado un par de ejemplos al respecto.

UNA CARACTERÍSTICA que marcó a las últimas administraciones fue su compulsión de erigir a las encuestas de opinión como una especie de oráculo a partir del cual establecían prioridades, definían su accionar, y reafirmaban o se retractaban de decisiones. Todo dependía en gran medida de la dirección del viento de la voz ciudadana reflejada en estos instrumentos de consulta.

Pero con la notoria pérdida de influencia que registraron los sondeos de opinión en los últimos años debido a la escasa capacidad predictiva que evidenciaron, el fenómeno se trasladó hacia las redes sociales, como plataformas que comenzaron a tener cada vez más importancia para la dirigencia política y autoridades.

Hoy los temas y tendencias que se convierten en “trending topics” por lo general se transforman en pauta de noticiosa para los medios de prensa y su amplificación provoca el natural interés de los políticos por aparecer o desaparecer y plantear sus posturas u omitirlas según convenga.

En la actualidad es casi una regla que tanto los integrantes del gobierno como la dirigencia de los partidos y las autoridades en general observen primero el estado de ánimo en las redes sociales antes de fijar postura o pronunciarse sobre una determinada situación. En cierta medida, el sistema político ha entrado en la nociva dinámica que imponen las redes sociales de establecer lo que está bien y mal, implantando con ello una especie de tiranía de lo “políticamente correcto”.

Quien ose hoy plantear argumentos que no cuenten con el beneplácito de la horda que navega por estas plataformas corre el severo riesgo de recibir un escarnio público muy poco democrático. Así, gobernar bajo los dictámenes de las redes supone riesgos que no siempre tienen a la vista los dirigentes, y que pueden resultar perjudiciales para el desempeño de sus funciones y la proyección de sus respectivas carreras políticas.

EL MURO conversó con analistas para analizar este fenómeno y abordar sus alcances, considerando que la actual administración del Presidente Piñera ha dado un par de ejemplos al adoptar decisiones según el grado de presión que se ejerció en las redes sociales.

El primero fue la decisión de acelerar la tramitación de la Ley de Identidad de Género e incluir además una indicación para permitir que menores de edad puedan realizar el cambio registral de sexo, provocando una batahola al interior del conglomerado oficialista. Y la segunda fue la determinación de revertir la orden de compra de un automóvil Lexus de 70 millones de pesos para Presidencia por las críticas que originó en redes sociales y en medios de prensa esa adquisición.

Una voz autorizada en este ámbito es la del decano de Ciencias Políticas de la Universidad Central, Marco Moreno, ya que la facultad que dirige cuenta con el “Observatorio Política y Redes Sociales”, que mediante el Barómetro de Gobierno explora las dinámicas de la opinión pública sobre el gobierno, tal como la expresan los usuarios en las redes digitales, así como el uso que hace el Ejecutivo y su gabinete de esas plataformas.

Para el académico, el problema en este tema a su juicio se da por la “fácil captura que tiene el Presidente Piñera respecto de los climas de opinión pública, porque tiende a ser muy funcional al comportamiento de esos climas. Y si bien en su primer mandato parecía estar pauteado por las encuestas, ahora son las redes sociales el territorio que mira con mucha atención”.

Moreno remarca que el Mandatario optó por este modelo de usar las redes como Youtube o Facebook Live para anunciar a sus ministros, y el comunicarse privilegiando esas plataformas para conectarse con los ciudadanos.

Según el decano, esa estrategia tiene el riesgo de operar en el sentido contrario, ya que provoca que las personas se sientan más empoderadas para opinar sobre la gestión del gobierno. “Esto tiene la ventaja de que no hay intermediarios en la comunicación, ya que el Presidente y el gobierno pueden plantear sus temas sin que la prensa ni las personas contra pregunten o los pongan en una situación incómoda, pero las redes sociales se caracterizan por la bidireccionalidad. Las redes tienen sentido cuando se conversa a través de ellas, ya que si sólo vas a informar y establecer tu punto de vista no tiene mucho sentido utilizar las redes sociales”, indica el experto.

Moreno indica que quien ha usado de manera muy intensiva este modelo de comunicarse mediante las redes sociales ha sido el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, principalmente por los problemas que tuvo en la campaña con las grandes cadenas de medios de comunicación de ese país. “Me parece que Piñera ha intentado bastan te imitar ese modelo, en el sentido de utilizar estos espacios, pero se ha vuelto sensible a la valoración que hacen de su gestión quienes utilizan estas redes”.

El académico indica que este fenómeno se da por el contexto de democracia de audiencia que se ha instalado en Chile los últimos años, donde lo que importa son las audiencias debido a que las personas se han alejado de la política. “La política se ha ido convirtiendo en lo que Sartori llamaba la `política de audiencias´”.

El especialista advierte que si bien las personas hoy valoran que un gobierno o autoridad reconozca y revierta una decisión asumiendo que se equivocó, el caer permanentemente en esa práctica pueda llevar a que se interprete como que es un gobierno débil y muy vulnerable a los cambios de la opinión pública.

Moreno enfatiza que en este escenario es muy importante que la dirigencia política comience a trabajar de forma sistemática, seria y profesional el tema de las redes sociales, y tratar de entender este nuevo territorio digital.

Un manejo riesgoso

Para la periodista y cientista política de la Fundación Chile 21, Viviana Giacamán, el uso de las redes sociales por parte del gobierno y dirigentes políticos tiene dos caras. Una positiva, cual es que estas plataformas aparecen como un mecanismo de transparencia porque permiten una mayor visibilidad de las acciones que se adoptan, “ya que la opacidad se va superando en la medida que hay más personas que opinan y contrastan información con fuentes distintas, que de otro modo no existiría”.

La perspectiva negativa, según la representante del think tank de izquierda está dado por el riesgo de sobre dimensionar la representatividad y alcance que tienen las opiniones en las redes sociales. “No necesariamente la opinión que se plantea en esas plataformas representa un porcentaje mayoritario de la población, y los gobiernos están llamados a gobernar para el bien común”.

Dice que es inevitable que haya grupos de presión que fuercen la toma de decisiones, pero que en la actualidad no existen mecanismo para determinar qué tan representativa es la opinión A o B en un determinado asunto.

Dice que como la discusión en las redes sociales es muchas veces atractiva y recogida por los medios de comunicación, luego queda la sensación de que la postura sobre ese tema es solo una, o mayoritaria, lo cual obliga a observar el fenómeno con cuidado.

Giacamán discrepa de que en las redes se imponga lo “políticamente correcto”, afirmando que lo que muchas veces prima es el sentido común. Y pone como ejemplo el caso de la orden de compra del Lexus que dejó sin efecto Presidencia, ya que a su parecer las personas plantean algo lógico señalando cómo se va a gastar tanta plata en un auto. La investigadora plantea que estas plataformas “son un elemento más que se debe tener en consideración al momento de adoptar definiciones, pero que de ninguna manera se deben sobre dimensionar”.

Agrega que si las redes van a servir, en este caso, para que haya austeridad en el manejo de recursos públicos, es algo positivo que se debe valorar. “El problema se da cuando este tipo de situaciones lleva a que se adopten determinaciones que no apuntan al bien común. Por eso es un arma de doble filo”, puntualiza.

La representante de Chile 21 coincide con Moreno en cuanto a que la dinámica de las redes sociales en Chile, donde muchas veces imperan los ataques e insultos, ha forzado a que las autoridades le den un enfoque unidireccional, solo par a informar y no para tener un diálogo con las audiencias.

“Se usa mucho por parte de las autoridades en distintos países hacer un anuncio grande, para luego testear el clima de opinión que se genera, y de ahí tomar la decisión de si implementa o no la medida, lo cual es un mecanismo muy riesgoso, concluye Giacamán.

Por: Carlos Cuadrado S./EL MURO

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