Los futuros desafíos de Sebastián Piñera con el mundo sindical y la Reforma Laboral de Bachelet

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Durante esta segunda administración de Michelle Bachelet se aprobó la polémica Reforma Laboral la que, en vez de generar aplausos entre los trabajadores sindicalizados, fue para algunos una suerte de golpe bajo, donde varias de sus pretensiones fueron, definitivamente, dejadas al margen.

Hace un par de semanas, los equipos de asesores del electo Presidente, Sebastián Piñera, dejaron entrever que ya se está trabajando en lo que serán eventuales modificaciones a la Reforma Laboral. De hecho, se estarían preparando cambios por la vía administrativa de la Reforma Laboral, en dos áreas: vacío regulatorio de los grupos negociadores y los servicios mínimos.

Hay que recordar que en mayo de 2016, el Tribunal Constitucional (TC) suprimió la titularidad sindical, reconociendo, así, la existencia de los grupos negociadores, pero el Ejecutivo hizo caso omiso y sólo vetó el proyecto en aquellas normas que mantenían un equilibrio en el sistema de relaciones laborales, pero sin remitir una ley corta que permitiera, al menos, a los grupos negociadores un procedimiento de negociación, de manera, entonces, que la titularidad sindical es sólo de facto.

¿Cuál es el desafío que para los dirigentes sindicales enfrenta el nuevo gobierno de Sebastián Piñera? En entrevista con EL MURO, Esteban Maturana, presidente de la Confederación Nacional de Funcionarios de la Salud Municipalizada (CONFUSAM) afirma que “el desafío para nosotros es evitar que se produzcan nuevas modificaciones al Código del Trabajo bajo un gobierno que tiene un marcado sello empresarial, porque cualquier reforma no va a ser para favorecer al mundo del trabajo, sino más bien, a los grandes empresarios.

Evidentemente, la tónica de las relaciones laborales es la flexibilidad y, eso significa, que todos los empresarios, tengan todas las atribuciones para poder generar las condiciones laborales más precisas a sus negocios y, eso, habitualmente, va en contra de los intereses del mundo del trabajo”.

Agrega que “para nosotros, las condiciones esenciales del trabajo decente tienen que ver con el salario digno, estabilidad laboral, pensiones dignas y para el mundo empresarial es, todo lo contrario, visiones sujetas a la capitalización individual, entregar pensiones miserables, despedir al trabajador cuando, simplemente, ya no le conviene, no le interesa o quiere reducir costos, sin indemnización en la medida de lo posible y pagar los salarios mínimos o, estar sujetos a lo que ellos produzcan”.

-Desde el 3 de enero de 2018, en el equipo del Presidente electo Sebastián Piñera, comenzaron a trabajar en una serie de borradores para lo que dice relación con la agenda laboral. Uno de los aspectos es el vacío regulatorio de los equipos negociadores y, otro punto, son los servicios mínimos…

Nosotros, esperamos que no se toque ninguna de esas dos materias. La herencia que nos deja la actual administración es pésima, inició un proceso de reforma que se suponía nos iba a garantizar derecho a huelga real, que nos iba a garantizar, condiciones de negociaciones colectivas más favorables y apuntar al fortalecimiento de las negociaciones sindicales.

Ninguno de los objetivos se cumplió y para nosotros quedó muy claro que la convicción de la Central Unitaria de Trabajadores de la época, más bien optó por construir consensos y acuerdos con el gobierno, que avanzar en una reforma por los intereses de los trabajadores, lo que fue un verdadero retroceso para el mundo del trabajo.

“Hoy, el movimiento sindical pesa menos que un paquete de cabritas y, eso, tiene que ver con que representamos a muy pocos trabajadores.”

-¿Qué es lo que, a su juicio, no hay?

No hay capacidad real de negociación, no hay capacidad real de huelga. Si ahora, se plantea por la vía administrativa modificar lo que tiene que ver con los grupos negociadores y los servicios mínimos, evidentemente, esa reforma tendrá un balance aún más negativo.

-¿Eso ocurrió, porque la directiva de la CUT controlada por el Partido Comunista (PC) y la Democracia Cristiana (DC) se dejaron seducir por el gobierno de Michelle Bachelet, privilegiando los intereses de las cúpulas de ambos sectores, más que los intereses concretos de los trabajadores del país?

Siempre hemos manifestado nuestra discrepancia con la conducción de la CUT actual. Para nosotros, la conducción de la CUT en manos de los partidos ha sido más favorable para los intereses de los partidos de los que son militantes los principales dirigentes de la Central Unitaria de Trabajadores y, eso, ha ido en contra de los intereses del mundo del trabajo.

Eso ha quedado en evidencia en materia de negociación del salario mínimo, en la negociación de la Reforma Laboral, cómo lo que tuvo que ver con la Reforma Educacional y la Reforma Tributaria fue también un chiste, al final del día.

Eso, tiene que ver mucho con el hecho de que quienes condujeron la CUT, en ese momento, más que privilegiar los intereses de las bases que representan, optaron por privilegiar los acuerdos partidarios.

-Frente a un gobierno de centro derecha, ¿se hace más difícil con la directiva de la Central Unitaria de Trabajadores seguir velando por sus propios intereses o se verán forzados a escuchar a los trabajadores y ya no proteger a la administración de turno de la que no son parte?

Desde nuestra particular opinión, la CUT tiene que vivir un proceso de reflexión interna que le permita transformarse en un verdadero actor. Hoy, el movimiento sindical pesa menos que un paquete de cabritas y, eso, tiene que ver con que representamos a muy pocos trabajadores. El movimiento sindical está, extremadamente, fragmentado, está demasiado preso de las cúpulas dirigenciales vinculadas a los partidos políticos y, eso, transforma al movimiento sindical en un actor de muy poco peso.

¡No más camellos!

Por su parte, Arturo Martínez, ex presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), en conversación con este diario digital al preguntársele por los principales desafíos del próximo gobierno en lo que dice relación con la Reforma Laboral, precisa lo siguiente: “El tema laboral hay que tratarlo con cierta delicadeza y con responsabilidad. Si cada gobierno que llega promete reformas sin consultar a nadie, estamos cada vez más echando a perder la ley laboral. Creo que en el próximo gobierno, los sectores de trabajadores y los empresarios tienen que tener un diálogo y buscar, entre ellos, cuáles son los problemas que hay que resolver”.

Añade que “si llega un gobierno y hace una reforma laboral, sin que los actores involucrados sepan que se manda un proyecto al Congreso, no tiene destino y vamos a echar a perder más el tema, van entrar caballos y salir camellos deformados.

No creo que tengamos que estar exigidos por una reforma laboral, lo que creo es en un diálogo para conversar y buscar soluciones a los problemas a través de los diferentes sectores de trabajadores. Estoy hablando de un diálogo de 6 a 8 meses que permita recabar información que ayude a pensar en una Ley Laboral más ágil y sin tanta reglamentación”.

-En el segundo gobierno de Michelle Bachelet se criticó que se restringieran derechos laborales que son, en la práctica, relevantes para los trabajadores. ¿Cuáles son, a su juicio, hasta ahora, las falencias más importantes?

El tema de que siempre se ha buscado el hecho de tener una ley laboral y, en especial, en lo que dice relación con la negociación colectiva que sea mucho más expedita, más ágil y simplificada, ese objetivo nunca se ha logrado y lo que ocurrió con la reforma, fue que surgieron más complicaciones al instalar los servicios mínimos, el tema de la extensión de beneficios.

Hay que buscar, insisto, una ley más simple que los sectores la puedan aplicar lo mejor que se pueda y buscar su aplicación en los actores sociales. En la Ley Laboral se tienen que eliminar todas las trabas que permitan que sindicatos y empleadores no se entiendan, porque si les están imponiendo un grupo negociador es una práctica anti-sindical y, eso, nadie lo va a aceptar y va a ser un elemento de conflicto.

-Entre las críticas que surgieron a la CUT fue a la dirigencia actual, ¿cómo debiera ser, en bienestar de los trabajadores y no de las cúpulas, el trato que debiera darse entre quienes están a la cabeza de los sindicatos con el gobierno y también con la clase política?

Creo que en la medida en que se fortalecen las federaciones y confederaciones sectoriales y ramales, hay un espacio para que esas organizaciones tengan un diálogo con las autoridades y con su contraparte y si sólo se entienden y el diálogo es con la cúpula, por supuesto que eso no es representativo. Necesitamos entender cómo funciona el movimiento sindical.

-¿Hay un mal manejo de la élite de los movimientos sindicales y no se reúnen con las asociaciones sindicales, sino que se manejan con las autoridades de turno?

Lo que pasa es que en la medida en que las organizaciones son débiles, en las ramales, no tienen capacidad de diálogo ni de interlocución, pero también los empleadores prefieren mirar hacia el lado, no tomarlos en cuenta, y dejar que las cosas sigan como están.

Hay una responsabilidad también de los empleadores, de organizarse por sectores y reconocer a los trabajadores que están organizados en federaciones, en confederaciones y establecer relaciones laborales que permitan resolver los problemas y no sólo buscar hablar con las cúpulas sindicales que, al final del camino, no están representando lo que la gente piensa.

Daisy Castillo Triviños/EL MURO

Foto: Agencia Uno

 

 

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