La prensa, el otro rehén del chavismo

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A propósito del Día Mundial de la Libertad de Prensa, cabe mencionar que se trata de un rasgo indiscutible de una democracia sana y valorada.

Ya en sus inicios, a comienzos del siglo XIX, lo decía Juan Donoso Cortés -quien es considerado como uno de los impulsores del periodismo- cuando afirmaba que “la prensa debe andar por delante”. Esto significa que debía recoger rasgos intelectuales, principios e ideas desde asuntos contingentes para hacer un análisis profundo y entregar dicha información a la población, de manera verídica, oportuna y relevante, para que la sociedad tome mejores decisiones, decisiones certeras e informadas. “La prensa debe servir a la libertad, explicándola”, decía.

Avanzadas las décadas, y producto de casos emblemáticos como el conocido Watergate, se hizo indispensable elevar a la prensa no solo al puesto de defensora de la verdad, sino que también al puesto de fiscalizadora de quienes ostentan el poder. Pero, ¿cómo se realiza este indispensable trabajo en un contexto donde no existe libertad de prensa? ¿Cómo se informa a la población cuando los medios de comunicación y los periodistas son silenciados a punta de cañón? La historia nos muestra que en el lamentable escenario de una dictadura el guión sigue siendo el mismo: la prensa es libre, pero solo hasta que la crítica que formula comienza a ser un “peligro” para sus opresores.

Teniendo en cuenta lo anterior, la actual situación de la prensa en Venezuela es preocupante. Se trata de un país descompuesto institucionalmente, pisoteado moralmente y en donde la temperatura política sube a diario producto de la tozudez de su gobernante, Nicolás Maduro. A ello se suma el silenciamiento a la prensa mediante decretos presidenciales y modificaciones a la Constitución, con el objetivo de justificar “legalmente” sus caprichos y una fuerte censura, lo que es inaceptable.  En el ranking anual de la libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, Venezuela ocupa actualmente el puesto 139 de 180 países, por lo que el régimen venezolano de Maduro figura entre los peores enemigos de la libertad de prensa en todo el mundo. En la Venezuela del Socialismo del siglo XXI los periodistas son impedidos, atacados, robados, metidos a la cárcel, acallados o deportados.

Y bien lo sabe Luis Domingo Álvarez, ex periodista de Radios Caracas Televisión (RCTV), primer canal de televisión clausurado por el chavismo en 2010. Por años, fueron la vocecita incómoda en la cabeza del gobierno, esa que intentó informar de lo que pasaba, sin miedo, pero que tras años de batallas judiciales por defender la verdad y el respeto a la libertad de expresión, perdió la guerra frente al Tribunal de Justicia – bajo estricto control gubernamental- quien por su puesto falló a favor de este último. En el libro “Libertad de prensa en Venezuela: manipulación y censura en la era Chavista”, texto que buscar hacer un recorrido por los hitos de censura que han afectado a la prensa  durante la era Chavista, Luis Domingo contó su historia. En 2015 declaró que “todo pasa por presiones. Van buscando callarte y si no te callas, pierdes tu empleo en los medios de comunicación que es mi caso, pero es un precio que muchos estamos dispuestos a pagar, o por lo menos yo. Estoy seguro de que puedo seguir adelante sin irme de Venezuela, porque lo que se pretende muchas veces es restringir las fuentes de ingreso de los periodistas para que se vayan, pues no lo haré”. Hoy, 4 de mayo de 2017, Luis Domingo vive Madrid. Al parecer en Venezuela no hay lugar para periodistas independientes, objetivos y con sed de verdad.

Latino América debe actuar. A luz de la crisis transversal por la que atraviesa Venezuela en la actualidad, la información independiente se vuelve más importante que nunca. Apremia golpear la mesa, pero aún con más fuerza. Es un deber moral  defender el respeto a la democracia y a derechos humanos, como lo son el derecho a informar y a estar informado, cuidándonos de no caer en la inacción o en obviar la gravedad del conflicto Venezolano. Como sociedad, incurrimos en el riesgo de volvernos cómplices de una dictadura ridículamente disfrazada de democracia, cuya prensa secuestrada, maniatada y aturdida por la censura, se encuentra imposibilitada de reflexionar y, por ende, de informar claramente y con la verdad.

Natalia Farías

Investigadora Centro de Estudios Bicentenario

 

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