Historiador Alejandro San Francisco analiza a fondo la actual crisis de la Democracia Cristiana

0
500

El historiador Alejandro San Francisco es profesor de la Pontificia Universidad Católica y de la Universidad San Sebastián, y director de Formación del Instituto Res Publica.

Actualmente dirige el proyecto Historia de Chile 1960-2010, del Centro de Extensión y Estudios (CEUSS) de la Universidad San Sebastián, del cual ya han aparecido los dos primeros tomos. En marzo próximo, pocos días después del cambio de mando presidencial, aparecerán los tomos 3 y 4, referidos al gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970).

San Francisco en entrevista exclusiva con EL MURO, analiza a fondo la actual crisis de la Democracia Cristiana chilena.

Después del resultado electoral de Carolina Goic la DC ¿está en una crisis terminal ?

La historia tiene muchos altos y bajos, especialmente en materia de resultados políticos. Es verdad que estamos frente al peor resultado electoral de toda la historia de la Democracia Cristiana, pero no es claro cómo se van a configurar las diversas fuerzas en el futuro, y específicamente, qué harán los falangistas.

Sin embargo, hay que aclarar dos cosas. La primera es que la DC efectivamente viene experimentando una larga fase de decadencia que ha tenido diferentes manifestaciones en las últimas décadas: pérdida de presencia social, una baja en los resultados electorales, carencia de liderazgos políticos presidenciales y una gran crisis de identidad política y doctrinal. El segundo factor es más reciente y se refiere a su relación subordinada respecto de la izquierda, con su participación en la Nueva Mayoría y los resultados de esa alianza, que para la Democracia Cristiana han sido muy perjudiciales.

¿Cómo se puede interpretar la renuncia a la Democracia Cristiana, de Mariana Aylwin y otro grupo importante de dirigentes?

Después de las elecciones de noviembre, la DC ha tenido muchos problemas: de identidad, definición para la segunda vuelta y, ciertamente, la fuga de militantes. Casi todas las interpretaciones señalan que es uno de los hechos más graves ocurridos en la Democracia Cristiana en las últimas décadas es, precisamente, la renuncia de Mariana Aylwin y los Progresistas con Progreso. Se trata de profesionales destacados, muchos de los cuales habían sido ministros u ocuparon cargos en los gobiernos de la Concertación, y hoy no ven posibilidades de realizar su proyecto político dentro de su partido. En cualquier caso, esta es solo la manifestación externa de una crisis más profunda.

¿Se trata de una crisis terminal?

Es interesante constatar que, hace algunas semanas, dos ex presidentes de la DC han utilizado esa fórmula. Jorge Pizarro señaló a La Tercera que la Democracia Cristiana está viviendo “una situación crítica, casi terminal”; Ignacio Walker, por su parte, declaró a El Mercurio que si no hay reacción en el partido, “esto nos puede llevar a la irrelevancia o incluso a una crisis terminal”. El fin de semana pasado, el ministro Mario Fernández sostuvo en El Mercurio (3 de febrero): “En la DC hay una crisis doctrinaria, de liderazgos, programática y de convivencia”, lo que resume de manera bastante lapidaria la situación actual del partido.

No me parece que esté en una crisis terminal, pero podría ocurrir algo que es igual de grave: vivir un largo periodo de irrelevancia política, o bien experimentar un vacío de sentido y de poder, que ya se ha visto en los últimos tiempos. Eso podría extenderse por años, quizá décadas, con lo cual la Democracia Cristiana no moriría, pero dejaría de tener la importancia que tuvo, que la llevó a ser el principal partido político de la segunda mitad del siglo XX chileno.

¿Está se puede calificar como la peor crisis en la historia de la DC ?

La Democracia Cristiana ha tenido muchas crisis, primero como Falange Nacional y luego como DC propiamente tal, a partir de 1957. De hecho surgió de una división en 1938, cuando se separó del Partido Conservador; durante el gobierno de Frei Montalva tuvo la partida de un grupo muy notable de jóvenes y otras figuras, que dieron vida al MAPU en 1969; dos años después nació la Izquierda Cristiana, también de orígenes falangistas.

En cuanto a los resultados y liderazgos, no cabe duda que fue muy dramática la derrota de Radomiro Tomic en 1970, así como también la incapacidad de conservar el liderazgo de la Concertación el 2000 o el 2006, o bien perder la categoría de principal partido chileno el 2001, nada menos que frente a la UDI. Sin embargo, en todos esos casos la Democracia Cristiana siguió siendo relevante, incluso decisiva, cuestión que hoy no se advierte ni de lejos, lo que hace que la crisis actual se vea como más profunda.

¿El humanismo Cristiano está superado en el debate político actual?

No cabe duda que el humanismo cristiano, la doctrina social de la Iglesia o el social cristianismo, no tienen la fuerza y adhesión que lograron en otros momentos de la historia. Sin embargo, vivimos una época de adhesiones más líquidas y de gran pluralismo. Hemos visto al senador Francisco Chahuán presentar la idea de crear una Federación Social Cristiana, una plataforma que parece interesante, que ha tenido algunos apoyos, pero que en los apoyos y puentes que busca tender con la DC difícilmente tendrá éxito.

En otro plano conviene leer o releer la historia del primer falangismo: era un grupo de jóvenes bastante idealistas, que buscaban tener una formación intelectual y doctrinal importante, que preferían perder cargos, pero conservando la pureza de sus ideales. Esto se fue perdiendo con el tiempo, con el crecimiento del partido, y hoy no se percibe ni esa mística ni esa formación.

Por otra parte, el socialcristianismo no está monopolizado, ni mucho menos, por la Democracia Cristiana, y vemos esta tendencia representada en partidos de derecha y ciertamente en algunos sectores, quizá cada vez más pequeños, del propio falangismo. El artículo de Carlos Larraín en El Mercurio (6 de febrero) es realmente interesante y puede ser iluminador sobre las posibilidades y dificultades del pensamiento social cristiano en Chile.

¿Que puede unir hoy en día a la DC ?

A partir del 11 de marzo será más difícil la unidad de la Democracia Cristiana. En primer lugar, porque un gran factor de unidad había sido el poder -lo que se consideran partidos de funcionarios, o burocráticos-, y ahora la coalición de la que formaba parte la DC ya no estará en el gobierno, con todo lo que esto significa en término de cargos e influencia. Por otro lado, carece de liderazgos potentes en la representación parlamentaria, de aquellos que podríamos llamar “presidenciables”, aunque algunas figuras podrían crecer en los próximos años, o proyectarse nuevamente, como es el caso de Carolina Goic. Sin perjuicio de ello, la DC tiene una oportunidad histórica, si logra distinguirse tanto del gobierno de Piñera como de la oposición de izquierda. Así, podría optar por realizar una oposición inteligente, patriótica, lejana al sectarismo y maximalismo que podría caracterizar a otros sectores opositores, capaz de llegar a acuerdos por el bien de Chile. Eso sería original y valioso para el país en su conjunto.

La DC convocó a un consejo a fines de enero (el último fue hace más de 10 años, el 2006) ¿qué se puede esperar de una instancia como esa?

En la ocasión la Democracia Cristiana reiteró su posición opositora y también explicitó su voluntad de negociar con los partidos de la Nueva Mayoría e incluso con el Frente Amplio. Todo eso era esperable. Sin embargo, hay que ver qué ocurre en otras instancias para evaluar la proyección partidista.

En primer lugar, es relevante saber cuál va a ser el lugar doctrinal o ideológico de la Democracia Cristiana en los próximos años, cuestión que seguramente tendrá influencias diversas, desde las socialcristianas a la socialdemócratas, pasando por un cierto liberalismo relativista y algunas variantes de socialismo. Difícilmente tendrá una sola doctrina partidista, en materias políticas y económicas, pero tampoco en temas como el aborto, donde fue difícil distinguir a la DC de otras fuerzas políticas.

El segundo tema será la definición de los liderazgos políticos del partido, especialmente quién será el presidente del Partido Demócrata Cristiano durante los próximos años, con qué estilo liderará la agrupación y si tendrá algún liderazgo real frente a los parlamentarios. El tercer aspecto se refiere a la eventual penetración social de la DC, que ha decaído de manera notable en las últimas tres décadas, desde su presencia clave en la década de 1980, a una situación progresivamente decreciente en la de 1990, hasta una que roza en la irrelevancia en la actualidad.

Un referente constante de la DC chilena, es la DC alemana, tal vez la experiencia DC actual más exitosa. ¿Existen más similitudes o diferencias entre ambas?

Al terminar el 2017 vimos un hecho curioso: la fundación Konrad Adenauer pedía a la DC chilena que mirara más hacia la derecha y se distanciara del Partido Comunista. Quizá la advertencia llega demasiado tarde, considerando en los últimos cuatro años, la Democracia Cristiana no sólo ha sido aliada del Partido Comunista, sino que se ha limitado a acompañar las posturas de izquierda, sin ninguna capacidad real de liderar la agenda o definir temas centrales del proceso político y social.

La Democracia Cristiana chilena debe ser capaz de procesar adecuadamente el momento que está viviendo, con ánimo de comprensión histórica y política, y no de demandar culpas y castigos. Solo así podrá dar vuelta la página y, eventualmente, acercarse a fórmulas inteligentes y con proyección. En Alemania eso es bastante claro.

Existe el eterno mito del “camino propio” en la DC. ¿Qué significa ese imaginario recurrente en el mundo DC ?

Es una fórmula que viene de antes de 1973, y que definió muy bien Patricio Aylwin en un largo documento de la revista Política y Espíritu, y que en la práctica significó que la Democracia Cristiana compitió sola en 1970, como lo había hecho con éxito en 1964. Sin embargo, las cosas habían cambiado, y tras los seis años del gobierno de Frei Montalva (1964-1970), su candidato Radomiro Tomic llegó tercero de tres, siendo superado por Salvador Allende y Jorge Alessandri.

La candidatura de Carolina Goic apostó  a lo mismo, tanto en la elección presidencial como en la parlamentaria, con malos resultados en ambos casos. El camino propio es la búsqueda de identidad, recuperación de la ética lo llamó Goic, una fórmula muy difícil de mantener en el tiempo, en un contexto político competitivo y con una centroderecha grande.

EL MURO

Foto: Agencia Uno

DEJA UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here