Eugenio Guzmán (UDD) y segunda vuelta: “El escenario hoy es distinto porque cambiaron las expectativas”

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El decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad del Desarrollo es uno de los pocos que respira tranquilo después de la elección presidencial. El sondeo de opinión que realiza esa casa de estudios fue prácticamente el único que se acercó a los resultados de las urnas el domingo pasado.

El académico afirma que las críticas a los sondeos son exageradas, y descarta de plano cualquier tipo de manipulación de las empresas a cargo de las mediciones, como han deslizado algunos dirigentes de izquierda. Señala que el problema radica en la dificultad de las encuestadoras para determinar al votante probable, frente a lo cual plantea la necesidad de hacer ajustes metodológicos.

Indica que la institución no ha decidido si realizarán una encuesta para la segunda vuelta, pero adelanta que las expectativas cambiaron y que el resultado será muy estrecho, a diferencia de lo que mostraba el sondeo de la UDD para la segunda vuelta, donde Piñera triunfaba con holgura.

¿En qué pie quedan las encuestas tras el papelón del domingo pasado y la pérdida de credibilidad que arrastran desde hace un tiempo?

Acá no se han distinguido bien dos cosas: lo que muestran las encuestas, y otra distinta es el voto probable, si bien están relacionadas.

A qué voy con esto. Si yo hago una encuesta, puedo cumplir con toda la rigurosidad metodológica, y los resultados que reflejen debiesen ser correctos, cubriendo algunos alcances correspondientes atendiendo que no siempre contesta toda la gente, o que no siempre dicen toda la verdad. Sin embargo, el problema está en que cuando uno quiere analizar decisiones de voto o de compra, uno tiene que hacer una distinción.

Es el caso de hacer estimaciones electorales, considerando que no todos los electores votan. Es como si se le preguntara a las personas si compran productos en tal supermercado. Algunas responderán que sí y otras que no, pero resulta que de los que me dicen que sí, varios no van a comprar a ese supermercado.

Para ser más directo, el cálculo del voto probable es complicado con cualquier metodología. ¿Por qué? Porque tú tienes que detectar a ese votante probable, y detectarlo no se hace con dos preguntas, sino que probablemente con muchas, para poder calibrar si el individuo al que se entrevistó efectivamente es un votante probable. Tienes que tener bastante información de esa persona.

Pero en la última CEP se midió a votantes probables y votantes seguros.

Lo que pasa es que para estos casos no te basta con dos preguntas ni con tres. De hecho, hay estudios que muestran que se necesita una batería de 10 a 12 preguntas.

Si está disponible esa metodología, ¿por qué no se aplica?

Nunca la metodología es perfecta, y por eso es que se recomienda también usar paneles, donde a las personas se les va preguntando por un largo período de tiempo distintas consultas que van dando pistas de su conducta, para obtener información pasada y a futuro. Por eso es que los paneles pueden ser más útiles.

Con voto obligatorio esto no ocurría.

Lo que pasa es que ahora hay más incertidumbre, porque uno podía despejar variables preguntando si la persona estaba o no inscrita en los registros electorales. Entonces se sacaba a aquellos que no estaban inscritos y se podía hacer un cálculo algo mejor. Ahora hay personas que te dicen que irán a votar, o que probablemente lo harán, y finalmente no es así.

Además, cuando se hace un recálculo del voto probable, hay una serie de otras consideraciones. Cambia la muestra y se introducen otros errores.

Pero el problema en esta ocasión no fue determinar al votante probable, o quiénes irían a las urnas, porque votó un porcentaje similar a la primera vuelta de 2013. Más bien se equivocaron en la estimación de por quién iban a votar esas personas.

En el fondo es lo mismo. Primero que todo, fue a votar la misma cantidad de personas, pero no necesariamente las mismas personas. Y lo segundo es que si los votantes que tú consideras probables, no son tan probables, se pueden producir distorsiones al momento de estimar quiénes van a ganar.

Me explico. De una muestra, tú dices, estas son las personas que considero votantes probables, pero supongamos que te equivocaste en la selección de los que asignaste como votantes probables, al tabular los datos, le terminas asignando más preferencias a un candidato que a otro. Y ese es el problema, porque si se tomó una muestra representativa de 1.500 personas, y en ese sentido muchas de las encuestas lo hicieron bien, se debe decidir de ese número cuáles son votantes probables y cuáles no.

Junto con eso, se les hace otras preguntas a esas personas, si habían votado antes o si irían a votar, y si tenían preferencia. Y resulta que en esa selección es probable que dos o tres preguntas no sean suficientes para determinar si es un votante probable.

“La segunda vuelta se volvió más competitiva. Hasta hace un mes esta elección no era competitiva en términos de las expectativas de la gente. El 70% decía que ganaba Piñera, y me parece que esa realidad cambió totalmente.”

Dentro de ese proceso de selección del votante probable, ¿pudo haber manipulación como lo han dejado entrever algunos dirigentes de izquierda?

Por ningún motivo. La razón es lo que te señalo, que probablemente dos preguntas no fueron suficientes.

Pareciera que las críticas se acrecientan a partir no solo de los resultados de las mismas encuestas, sino que por la forma en que las presentan y cómo interpretan los datos quienes hacen los sondeos. Porque afirman con total seguridad que esas proyecciones son un hecho real.

Esa es la dinámica propia del proceso de publicación de las encuestas. Tú le crees porque tienen reputación, pero luego comienzan a darse conclusiones que probablemente no corresponden.

El tema es que las encuestas pueden estar bien, pero cuando se quiere hacer este despeje de voto probable, hay metodologías mejores que otras. Los paneles parecieran ser mejores, o una batería de preguntas para poder estimarlo.

En ese caso, no es más sensato que las empresas que se dedican a esto asuman esas dificultades para detectar al votante probable, y reconozcan esa situación. Porque hasta aquí solo hemos visto justificaciones, como la dada por el CEP en relación a que su medición es solo una fotografía del momento. Cuesta creer que en un mes los votantes de Beatriz Sánchez hayan saltado del 9% que le daba la CEP, al 20% que terminó sacando.

Claro, queda la sensación de que su votación se activó de un día para otro. De hecho, nuestra encuesta nunca mostró a Sánchez bajo los dos dígitos, salvo al principio. Pero nuestra medición la mostró desde temprano llegando a los dos dígitos y no se bajó de 15%, 16%.

En segunda vuelta, el sondeo de la UDD mostraba cierta holgura en favor de Sebastián Piñera. Tras la elección del domingo, ¿cambió ese escenario?

Efectivamente, aparecía Piñera bien holgado, pero el escenario hoy es distinto porque cambiaron las expectativas. Puede que muchas personas que antes se les preguntó por la segunda vuelta, preferían evadir la respuesta, o decían que no votarían por nadie, o que no irían a sufragar.

Porque estaba instalado el escenario de una carrera corrida.

Exactamente. Y ahí hay un dato interesante, con la pregunta predictiva de ¿quién cree usted que va a ganar? Porque si bien no te induce ir a las urnas, o a votar por alguien, de algún modo incide en que las personas vayan o no a sufragar. Esto cambia el escenario.

¿Esto podría provocar que aumente la votación en el balotaje?

Por supuesto, porque la segunda vuelta se volvió más competitiva. Hasta hace un mes esta elección no era competitiva en términos de las expectativas de la gente. El 70% decía que ganaba Piñera, y me parece que esa realidad cambió totalmente.

Si uno preguntara quién va a triunfar el 17 de diciembre, me parece que hoy esa respuesta sería distinta. Y no me extrañaría que si Cadem hiciera una encuesta, que probablemente la va a hacer, o quizás ya la hizo, lo más probable es que el escenario esté bastante empatado.

¿Cadem debiese hacer ajustes a su metodología?

Deberían tener más preguntas para poder estimar el voto probable. Hay un problema con el tipo de muestreo que emplean. No en el caso de la encuesta que el hacen al CEP, pero sí tengo la impresión que su otra encuesta tendrían que ajustarla. Se dan varios problemas, como que hay menos teléfonos fijos. Pero esa es una decisión de ellos.

¿Ustedes van a hacer encuestas para la segunda vuelta?

En principio no, porque puede ser medio irresponsable. No lo sabemos aún, pero tenemos que decidirlo.

¿Por qué sería irresponsable? Uno pensaría que deberían aprovechar el impulso que les dio el ser la encuesta que más se acercó a los resultados del domingo pasado.

Es una decisión que todavía no hemos tomado, y que vamos a ver si lo hacemos.

Para cerrar, ¿quedaron en la UTI las encuestas?

Tengo la impresión que se está exagerando mucho. Que después de esto va a haber un ajuste y se van a recuperar, porque las encuestas son un buen instrumento para conocer las preferencias de las personas. Lo ocurrido sirve para dos cosas: tener una prensa un poco más cuidadosa de los juicios que extrae, y un ajuste de la información en términos de cómo se hizo una determinada encuesta.

Carlos Cuadrado S./El Muro

Foto: Agencia Uno

 

 

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