Claudio Alvarado (IES): “Hay ciertos grupos que piensan que la asamblea constituyente es poco menos que el ícono de la plenitud humana”

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El abogado constitucionalista y subdirector del Instituto de Estudios de la Sociedad IES, Claudio Alvarado, es uno de los editores del libro “Imaginar la República. Reflexiones sobre El Federalista” donde varios expertos entregan su visión acerca de la evolución de la democracia y cómo hacer para mejorarla a través de reformas y propuestas.

En conversación con EL MURO, Claudio Alvarado, cuestionó la validez de una Asamblea Constituyente y defendió la labor del Tribunal Constitucional, sin embargo, dijo que es necesario realizar ciertos cambios para lograr que el Estado tenga una democracia acorde a los tiempos de hoy, realista y no utópica.

¿Cuál cree UD. que son las principales falencias de las discusiones políticas en Chile?

Este libro, “Imaginar la República. Reflexiones sobre El Federalista” se enmarca en un proyecto de más largo aliento que estamos impulsando para recuperar el pensamiento de estos padres fundadores que escribieron El Federalista, y cuyos desafíos son cómo pensar la Constitución, la Reforma y la mejora del Estado chileno.

La idea es intentar vincular las reflexiones de “El Federalista” con nuestra realidad particular. Una de las falencias que ha tenido nuestro debate político de los últimos años ha sido el pensar los asuntos constitucionales de una manera insuficiente, demasiado centrada en torno a los derechos y entender la democracia poco consciente de las complejidades de este régimen de gobierno.

Lo que aporta “El Federalista” es una visión y una perspectiva diferente a la hora de pensar todos estos puntos.

 

¿Cuál cree ud. que son los principales desafíos que enfrenta hoy la democracia?

Es sabido que la democracia representativa se encuentra amenazada en distintos lugares del orbe. Una primera dificultad guarda relación justamente con la crítica de la idea misma de representación de ciertos grupos y en Chile algunos miembros del Frente Amplio son un ejemplo de esto.

Hay algunas personas que a veces piensan que la asamblea constituyente es poco menos que el ícono de la plenitud humana. Nosotros buscamos profundizar los fundamentos de la representación y ver cuánto de eso puede seguir vigente en el día de hoy, sabiendo que siempre va a ser necesario alguna mediación política.

Otro tipo de dificultad puede ser la poca conciencia de que la democracia es un régimen muy exigente y que para funcionar adecuadamente necesita ciudadanos comprometidos con los asuntos públicos. Ahí El Federalista puede ser un iluminador porque es un texto en el cual hay suma consciencia respecto a la influencia de las cualidades y las condiciones personales en el desarrollo no solamente de un gobierno, sino de cómo se comporta la ciudadanía al respecto.

¿En ese sentido ud. considera que la Asamblea Constituyente no es la mejor opción?

Lo que pasa con la Asamblea Constituyente es bien curioso porque hay personas que han puesto ahí todas sus fichas como si ese procedimiento nos garantizara por si solo un sano reformismo institucional, pero lo cierto es que esa misma gente nunca ha sido capaz de poner sobre la mesa de manera concreta y precisa cuál es la razón por la cual el producto de esa Asamblea Constituyente  necesariamente va a ser mejor que lo que podría ser el Congreso, siendo que ambos se basan en la representación.

El gobierno de Michelle Bachelet en el aspecto constitucional se centró sistemáticamente en el asunto de los procedimientos y nunca subrayó adecuadamente la importancia de los contenidos, por lo que sus resultados fueron más bien modestos. Nuestra impresión es que es mucho más fructífero poner los contenidos sobre la mesa porque son ellos los que permiten generar acuerdos políticos y si hay un tipo de reforma que los requiera como sustento para ser llevada adelante son justamente aquellas reformas o modificaciones vinculadas a la Constitución.

¿Qué es más negativo en el bienestar de la democracia chilena: la influencia de los poderes fácticos, la concentración del poder o la desafección con la política?

Obviamente cada uno de esos factores en su medida puede haber influido, pero mi impresión es que lo que más ha afectado tiene que ver con lo último y con algo más profundo, con la creencia de que la democracia va a funcionar por sí sola, la inconsciencia de que es un régimen sumamente exigente, tanto para las autoridades como para los ciudadanos que están llamados a ser los protagonistas de la vida social de un régimen democrático.

Tampoco fue beneficioso el hecho de prolongar sistemáticamente el sistema binominal. Tampoco colabora en tener una democracia sólida y exitosa el que siempre critica, y en eso la recuperación de una obra como “El Federalista” nos puede ayudar bastante.

¿Es vital la presencia de un Tribunal Constitucional en una democracia como la chilena?

El debate en torno al Tribunal Constitucional chileno ha estado muchas veces demasiado atravesado por ciertas caricaturas, por ejemplo, el típico slogan de que es un invento de la dictadura, y la verdad es que existe previo al régimen de Pinochet porque fue impulsado por Frei Montalva.

También hay quienes tienen esta quimera de la democracia pura sin contrapeso ni límites. Tenemos que mirar el aporte que ha sido el Tribunal Constitucional a la democracia, no hay que olvidar que el plebiscito del año 88 fue posible de llevar a cabo por un fallo del propio Tribunal Constitucional que fue contra los deseos del gobierno de Pinochet. Podríamos restringir sus facultades, pero pretender borrarlo de la noche a la mañana no colabora ni supera nuestros problemas.

¿Es peligrosa una democracia pura o ilimitada como le llaman?

Es peligrosa la concepción de eso, en el sentido que se olvida que la democracia tiene dos principios y dos fines que están en sana tensión. La democracia busca fomentar la participación ciudadana expresada en lo que son las mayorías legislativas, pero al mismo tiempo busca poner límite a todo poder para resguardar ciertos derechos básicos, y esos límites incluyen también al legislador. En rigor no tiene aplicación si no hay ningún tipo de contrapeso a los distintos poderes, ni siquiera estamos en presencia de una democracia como se ha entendido en el mundo contemporáneo. A veces pasa de ser peligrosa a ser utópica.

¿Considera ud. positivo este proyecto de Nueva Constitución que presentó Michelle Bachelet a días de dejar el gobierno?

El proyecto en si mismo no resiste demasiado análisis, ya que se presentó entre gallos y media noche, ni siquiera ha socializado con sus partidos, y los contenidos que aparecen a última hora son poco beneficiosos, por eso no se ve muy auspicioso.

Lo que sí es claro es que el debate constitucional sube y baja de intensidad cada cierto tiempo, y eso debería ser una invitación a aquellos sectores críticos de los afanes refundacionales para preguntarse qué hacer para que ese modo de entender la Constitución reformista no prime, y la respuesta debería ser “yo me voy a hacer cargo de mi perspectiva”, y aunque uno no comparte el proyecto de nueva Constitución tal como se presentó uno debería ser capaz de proponer algo al respecto sobre todo pensando que la derecha en Chile tiene un diagnostico que incluye muchos posibles cambios a la Constitución. Ese es el desafío que tiene la derecha en materia constitucional y este gobierno tiene la oportunidad de hacerlo y si no lo hace probablemente le va a pasar la cuenta.

En el libro proponen que la función del próximo gobierno no será sólo administrar el Estado, tendrán que de alguna manera reinventarlo ¿Cómo se reinventa el Estado?

Creemos que “El Federalista” colabora en una visión de apuntar hacia allá, hacia repensar un Estado acorde a su realidad, y la verdad es que lo primero que hay que hacer para intentar hacer una reinvención propositiva y reformista es tomar conciencia de cuáles son los problemas más graves.

El Estado tiene que ser fuerte, pero no necesariamente grande, sí capaz de cumplir su rol.  Lo siguiente es articular esa reforma al Estado en una dinámica que permita dotar de mayor legitimidad un sistema y por eso que el debate constitucional que hasta ahora no lo ha sido puede llegar a convertirse en una buena oportunidad de impulsar esa reforma al Estado y no separar la cuestión de la eficiencia, de la legitimidad. Creo que si la derecha logra articular un discurso robusto que pueda articular las dos cosas  puede ganar mucho.

Carola Oyarce/El Muro

Foto: Agencia Uno

 

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