Antonio Canale-Mayet y migraciones: “Un nuevo fracaso del Gobierno en una reforma trascendental”

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“Tenemos buenas y malas experiencias con el refugio en nuestro país. Las más exitosas, siempre ayudadas por organismos de la sociedad civil, las iglesias y las comunidades de extranjeros ya establecidas. Las más malas, fruto del poco entendimiento que la huida de una zona de conflicto no es el único fin del refugio, sino el gatillante para emprender un proyecto migratorio que busca mejores condiciones de vida, desarrollo de la carrera profesional que se tiene, futuro para el grupo familiar y la felicidad. Por algo quienes arriesgan sus vidas para llegar a Europa lo hacen con destino a los países más prósperos”.

De esta manera analiza Antonio Canale-Mayet, cientista político del Instituto Libertad, el proceso de migración que ha ido acentuando cada vez más en el país.

“El problema recae precisamente en el trato que se le da a la comunidad de inmigrantes en nuestro país, con un cuerpo legal que data de 1975 y que deja muchas veces abandonados ante la incapacidad del Estado por entregar incluso a sus ciudadanos chilenos aquellas servicios cuando no pueden ser proveídos de manera particular. Particularmente ante los problemas sociales y económicos que se asoman en el horizonte. Urge entonces impulsar la reforma a la política nacional de migraciones, pero con una visión de largo plazo y con la libertad y dignidad de las personas por delante. El primer paso ya está dado, recibamos con los brazos abiertos a quienes lleguen a Chile, pero trabajemos para que su estadía y aporte al país sea por largo plazo”.

En medio de un tema que se vuelve cada vez más urgente de enfrentar, el asunto se ha complicado más por la repentina renuncia del director de Extranjería y Migración, Rodrigo Sandoval.

En conversación con EL MURO, el analista del Instituto Libertad profundiza en una temática que seguramente será parte importante de los discursos presidenciales.

-¿Cómo analiza el retraso en la presentación de una ley de migraciones?

-Como un nuevo fracaso del Gobierno en una reforma que es trascendental para el Chile de los próximos años. Me parece poco prudente no haber discutido siquiera el proyecto de ley dejado por el Gobierno anterior, si pasaremos 4 años sin un proyecto nuevo. Además, este retraso arrastra a la elección presidencial la presentación de propuestas y alternativas.

Esto puede resonar en algunos candidatos regionales y presidenciales, quienes saben que existe una gran masa de votantes, más fáciles de captar, que no gustan de la inmigración. Hablar en positivo sobre las migraciones no asegura votos.

-Desde La Moneda han dicho que el retraso tiene que ver con la complejidad de dar con los recursos que estarían involucrados respecto de los beneficios sociales que se entregarían a los migrantes. ¿Le parece una excusa válida?

-Un proyecto migratorio serio no genera discriminaciones ni diferencia entre derechos u obligaciones de nacionales y extranjeros. En este sentido, a pesar de la carga que ya reciben y recibirán los servicios públicos por la atención de nuevos usuarios, no me parece que la regulación sobre ingreso, permanencia o expulsiones pasen necesariamente por resolver las políticas públicas en todos los demás sectores.

-En medio de esta realidad se conoció la renuncia del director de Extranjería y Migración. ¿Cómo debe ser mirada esa renuncia?

-Es una pena perder a alguien tan valioso como Rodrigo Sandoval. En su renuncia entiendo la victoria de los intereses políticos del Ministerio del Interior por sobre las definiciones técnicas de quienes han trabajado en la DEM. Rodrigo en los primeros años de gobierno convocó a todas las organizaciones migrantes y de la sociedad civil para acordar criterios mínimos, al parecer estos no son el foco de la política migratoria del gobierno, que no da pistas de cuál es su definición.

-De la realidad migratoria que hoy existe en el país, ¿cuál es el dato o hecho que le parece más preocupante?

-El problema mayor es que no tenemos claridad cuál es esa realidad. El Estado, producto de la inexistencia de una política global, no cuenta con las herramientas ni el cruce de datos para saber cuántos, dónde ni quiénes son las personas que se han radicado en Chile. Tenemos datos sobre residentes, pero con nuestro esquema actual hay muchos que o no tienen interés por regularizarse o bien aún no comienzan su trámite.

-¿Y el más alentador o que implique un cambio o influencia especialmente interesante para la sociedad chilena?

-Los migrantes son personas más dispuestas a tomar riesgos y emprender, lo hacen desde que abandonan sus países de nacimiento. Tenemos experiencia positiva de sobra con nuestras comunidades de inmigrantes, algunas dejando su marca en el comercio, la industria, la educación u otros. No hay país exitoso en el mundo que no tenga una alta tasa de inmigrantes, no porque vengan sólo a aprovechar los beneficios, ellos también han sido parte de los logros de esas naciones.

El contacto con personas de otras latitudes también genera un ciudadano cosmopolita, más culto y libre. Avanzar hacia un país multicultural sólo puede beneficiar al alma nacional.

Beneficios insospechados

-¿Le parece que en las propuestas presidenciales el tema de la migración ha sido tomado como un asunto relevante?

-Hace cuatro años el tema migratorio existía en las conversaciones de los equipos programáticos, pero parecía no tener el peso como para emplear espacio utilizable en otras temáticas. Hoy todos tienen postura, y eso es un avance trascendental, lo importante es que no se torne en un eje de la división política, que haga extremar posiciones en ambos sentidos.

-¿Y de las propuestas que se han escuchado, ¿alguna especialmente interesante o preocupante?

-En general, las propuestas de las colectividades políticas todas refrendan que nuestra política migratoria debe ajustarse a los DD.HH. y a las convenciones suscritas por Chile, lo cual es una base relevante. Tanto Piñera como Guillier han mencionado la necesidad de controlar el ingreso, lo cual puede ser positivo si no se mira como simple restricción.

Recojo favorablemente también la política de acogida y facilitación del ingreso y permanencia de profesionales, técnicos y académicos, propuesta por Chile Vamos. Esto va en línea con lo hecho por otros países que se han beneficiado de acoger “cerebros” a modo de aprovechar los recursos humanos disponibles en el mundo.

-Por último, ¿cómo hay que imaginar que será la migración en Chile en el mediano y largo plazo?

-Debemos esperar que aumente, al menos hasta los promedios internacionales. Chile aún cuenta con un bajo porcentaje de migrantes, más considerando nuestra baja tasa de natalidad. La falta de personas es generalizada en todos los sectores, por lo que dichas plazas serán ocupadas por extranjeros. Una política responsable nos podría beneficiar en maneras que no sospechamos, generando las capacidades que no tenemos para exportar nuestra cultura y productos a nuevos destinos. Chile ha sido un país necesitado de integrarse al mundo, contar con personas que conozcan esas realidades será trascendental para generar una nueva relación.

El MURO

Foto: Agencia Uno

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