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Luis Riveros (Ex rector de la U. de Chile): “Pienso que la vocación republicana se ha perdido”

Luis Riveros (Ex rector de la U. de Chile): “Pienso que la vocación republicana se ha perdido”

Miércoles 12 de abril de 2017

El académico agrega que, hoy día, “se legisla con mucho corazón, con muchas intenciones, pero al mismo tiempo, con mucha incompetencia” y que las discusiones se centran en imágenes y cuñas periodísticas, lo que ha socavado el debate de ideas.

Como hombre de la academia, ¿considera que hay un deterioro del espíritu cívico en Chile? Se lo pregunto, entre otras cosas, por lo que le ocurrió al ministro de Hacienda, quien fue agredido mientras almorzaba en un lugar público.

Desde el punto de vista del espíritu cívico, veo un escenario bastante decaído, porque hay una decadencia de las instituciones que caracterizan a la república. Hay una pésima evaluación sobre su desempeño, como el Congreso Nacional, Presidencia de la República, gabinetes ministeriales. Está todo bajo cuestionamiento, entonces hay un desanimo ciudadano, una baja en la credibilidad, y por lo tanto, esa es una fuente muy importante de conflicto.

Lo segundo que veo es una sociedad tensionada, que no lo habíamos visto en los últimos 20 años. Hoy vemos una sociedad en que distintos actores descalifican a otros, y hacen que el debate descienda, lo que provoca que no tengamos debates de ideas, sino que debates sobre cuestiones que se dicen.

¿A qué atribuye este escenario beligerante?

Creo que hay una decadencia en la política. La política cada vez cae más a ser simplemente una cuestión electoral, y no es una cuestión de puntos de vista distintos. En el pasado, cuando uno miraba los partidos de la derecha, los de centro o de izquierda, uno sabía bien cuáles eran las orientaciones programáticas que cada uno tenía. Uno sabía que si había un gobierno radical, ese gobierno radical se iba a jugar por la educación pública, y si había un gobierno de derecha, se iba a jugar por privatizar la educación.

Pero resulta que hoy eso no es así. Hoy no existe el debate de ideas, la gente no sabe cuáles son las diferencias entre unos y otros, sino que solo cuestiones electorales y de rostros. Esto hace que los propios actores políticos pongan más de relieve las diferencias en términos personales, que cuestiones ideológicas que debiesen ser parte de un debate.

Pero en este deterioro del espíritu cívico que usted señala, ¿ve a los ciudadanos interesados en la profundidad de los debates?

No, y eso pasa justamente por culpa de los políticos. Políticos que han eliminado estos temas de la educación, por lo tanto los chicos salen de ahí sin entender ni importarles qué es lo que estamos hablando. Por eso la gente no tiene perspectiva para poder evaluar algunas situaciones que nos comprometen hacia el futuro. La gente sale a reclamar “no más AFP”, perfecto. Yo estoy entre esos, pero obviamente la pregunta de fondo es ¿qué vamos a hacer?

Y esa cuestión no está sobre la mesa porque los actores políticos nos han obligado a pensar más bien en imágenes, cuñas periodísticas, titulares, y por eso a la gente tampoco le interesa entrar al fondo de los asuntos. Esto lleva a un círculo vicioso, donde la sociedad se orienta por expectativas, por deseos, por ideales que rápidamente son bloqueados y se encuentran con desilusiones.

¿Ve confusión en esas expectativas? Se lo pregunto, porque precisamente en el tema de las AFP, quienes piden terminar con el modelo, proponen que los fondos pasen al Estado, que sean administrados por la autoridad política; es decir, que los manejen esos mismos dirigentes en que la ciudadanía dice no confiar, y que desprecia en las encuestas. ¿Cómo se explica esa paradoja?

Exactamente, y por lo mismo se crean estas inconsistencias. Respecto a eso mismo que usted mencionaba sobre el ministro de Hacienda, en mi clase de Introducción a la Economía que imparto en la Universidad de Chile, yo les decía a los alumnos, por dios que es difícil para un economista, donde esté, en una empresa, en una universidad, o sea el ministro de Hacienda, tener que cumplir con su rol de cuidar los recursos.

Entonces cuando el ministro de Hacienda sale y dice, mire para esto no alcanza, eso no se puede, pasa a ser un tipo súper desagradable. Muchas veces les pasa a los gerentes de finanzas de las grandes de empresa, les pasa a los encargados de las finanzas en las instituciones educacionales. Pero alguien tiene que decir que no y cuál es la realidad a la que se puede acceder. Por eso no me extraña que al ministro le tiren monedas en la calle, porque es el símbolo de esta frustración porque las cosas no están funcionando, o no han funcionado como debieran, y estamos metidos en este problema económico.

Pero aquí también parece haber falta de análisis y de sentido común por parte de la ciudadanía, ya que en un contexto económico como el actual, con las cargas permanentes que ha asumido el Estado a partir de las reformas impulsadas por este gobierno, esas demandas debiesen ser realistas, como usted afirma.

Sin ninguna duda. Tenemos un Transantiago, pero hemos creado otro Transantiago, ya que esto de la gratuidad de la educación es otro Transantiago. Esto de la salud pública, que no cumple con las necesidades que hay, y más aún con los cambios que debe haber en medicina en la parte tecnológica, es otro Transantiago.

Estamos en una generación de grandes temas, de grandes, cosas, incluyendo ahora el tema de las AFP, entonces el Estado va a tener que gestionar estos recursos adicionales que se plantean. Bueno, estamos creando más y más cosas que van a ser muy mal administradas, porque tal como lo dijo el ministro de Hacienda, con quien discrepo, “hagamos esto como lo hacen en Canadá”, donde el Estado administra algunos de estos fondos de pensiones. Pero bueno, para eso hay que ser canadiense, porque aquí las cosas no van a funcionar, se van a hacer a la chilena, y por lo tanto, vamos a terminar haciendo una pobre administración, que será muy cara, y al final del día va a significar más desilusión para la gente, que es lo que más me preocupa.

Fíjese que don Enrique Mac Iver escribió una carta a Chile el año 1900 y siempre la cito, porque uno lee esa carta y es como si fuera hoy. “Los chilenos no somos felices, tenemos todas las condiciones para serlo, pero no somos felices porque tenemos demasiadas expectativas y tenemos un Estado que no está cumpliendo adecuadamente con sus funciones”. Eso lo dijo hace un siglo; es decir, en un siglo no hemos aprendido mucho.

Esta es una lección que los políticos no han leído correctamente. Pienso que tenemos que ser capaces de entregarla paz a la gente, para que la gente pueda interpretar y ayudar a tomar decisiones.

Pero esas altas expectativas que se generan son alimentadas en gran medida por los mismos políticos, que después no saben cómo administrarlas y cumplirlas.

Tiene toda la razón, así es. Entramos en este círculo vicioso del que le hablaba. Estos mismos candidatos presidenciales, que lanzan estos globos, señalando que van a recortar los sueldos de los ministros para financiar el problema de las pensiones; o sea, la gente lo debe ver con mucha simpatía, pero es simplemente una tontería, donde no cuadra una cosa con la otra.

O decir, “no más AFP” y ahí vamos viendo cómo lo arreglamos. Entonces me parece que hay poca seriedad y alimentan expectativas en las personas que es tremendamente grave, porque eso va creando ese sentimiento de frustración, de rabia, en que les van a seguir tirando monedas, y no van a ir a votar. Y por lo tanto entramos en este círculo vicioso, en que quienes toman las decisiones finalmente no representan a nadie.

ESTADO VERSUS PRIVADOS

A su juicio, ¿es nocivo que sigamos entrampados en este debate de más o menos Estado; más o menos sector privado; más o menos regulaciones?, cuando lo que cabría esperar es que ambos mundos confluyan y se complementen con el objetivo de alcanzar el desarrollo del país.

Efectivamente estamos entrampados en ese debate, que yo creo que es un debate que no está bien definido, porque hay áreas en las cuales el Estado es esencial. Menciono siempre la educación, porque es mi campo. El Estado tiene que tener una presencia activa, pero efectiva. Hoy no tiene una presencia efectiva en educación. Es una presencia pobre, desaliñada, mal organizada, y en una disputa en que le quitamos a los privados para tener algo mejor en el sector público. A mí me parece que esa visión del problema es absolutamente equivocada, y son tonterías para la galería.

Por lo mismo, tenemos que rediseñar la relación del Estado con el sector privado, porque deben funcionar coordinadamente. Y también es cierto lo otro: que las empresas son vistas con sospecha. O sea, cómo es posible de que estamos con problemas económicos, y grupos de empresas obtienen utilidades gigantescas. Esto quiere decir que alguien está haciendo mal las cosas, entre otros el Estado, que no regula adecuadamente, no pone transparencia suficiente sobre la mesa, porque el mismo Estado es poco transparente.

¿Es solo un tema de regulación? Se lo digo porque en varios casos podemos observar que el propio Estado define normativas orientadas a asegurar una alta rentabilidad a los inversionistas en desmedro de los ciudadanos.

Así es. Fíjese usted lo que se acaba de aprobar en la idea de legislar. Esto de reducir la jornada laboral. Algo que todo el mundo debe ver con mucha simpatía y ha habido todo tipo de argumentos. Esto significa un impuesto para las empresas. Estas van a tener que contratar gente para poder cumplir  con sus objetivos productivos, y por lo tanto la empresa no va a sacrificar ganancias para hacer esto, y lo que va a hacer es traspasarle ese costo al consumidor.

Al final del día, pasa lo mismo con los estacionamientos. Entonces aquí se combinan dos cosas: se legisla con mucho corazón, con muchas intenciones, pero al mismo tiempo, con mucha incompetencia. La verdad es que salen aprobados proyectos que serían impresentables en un Parlamento que analizara con más tiempo, con más dedicación y más vocación los proyectos. Las cosas salen a la diabla. Después de aprobadas las leyes, dicen, pucha nos equivocamos. La ley de reforma tributaria, por ejemplo, tuvo que volver al Congreso porque estaba mal hecha.

Esto hace todavía más profundo el desaliento ciudadano, y este sentimiento de rabia, que lo siento en los jóvenes en el aula, que sienten que viven en un país extraño donde lo único importante son los programas de farándula, que no reemplazan esta acción cívica necesaria para entender el país y cómo queremos dejárselo a nuestros descendientes. Pienso que la vocación republicana se ha perdido. Soy uno de los primeros que ha manifestado desaliento frente a eso, porque lo hemos reemplazado por el interés de corto plazo, y por la incompetencia asociada al ejercicio de la política.

¿Ve a alguien haciéndose cargo de esto en la actualidad?

Al 80% de los candidatos presidenciales no les he escuchado una sola idea respecto a cómo debiésemos enfrentar estos temas. A los únicos que le he escuchado ideas es a Sebastián Piñera y Ricardo Lagos. Claro, porque tienen la experiencia, quizás porque tienen conocimiento de aquellas cosas que se pueden o no hacer para que los asuntos funcionen mejor.

Espero que eso produzca un buen debate, o de lo contrario, será solamente una comparación de figuras, de quién robó, quién no robó, y vamos a quedar con la misma sensación que nos va a dejar este gobierno, de grandes expectativas, de grandes sueños y promesas, pero en definitiva poca vocación de entrega.

Carlos Cuadrado S./El Muro

Foto: Agencia Uno

 

 

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