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Liceos Bicentenario

Ariel Navarro

Martes 4 de abril de 2017

El emperador Napoleón I de los franceses, consciente de la necesidad de redefinir la educación en Francia tras el Antiguo Régimen, reformó completamente la enseñanza. Dentro de esa estructura se encontraba el “Lycée”, establecimiento dedicado a la instrucción secundaria y la preparación de los alumnos para la educación superior.

El Liceo, como institución, se difundió con tanta fuerza como se paseó la “Grande Armée” por toda Europa y, como muchas otras de las creaciones del emperador, cruzó también el Atlántico, llegando a la tierra más austral del Orbe: Chile copió el modelo liceano, al igual que muchas naciones del Mundo.

No hubo, ni en los reyes Borbones ni en quienes los sucedieron, un deseo de eliminar una política que había sido beneficiosa para el pueblo francés. Todo lo contrario: se mostraron prudentes con lo que sabían causaba felicidad y bienestar a la Patria. Pero en Chile, al parecer, no prima el mismo espíritu.

Después de la creación de los Liceos Bicentenario, en el gobierno de Sebastián Piñera, los resultados fueron, desde un principio, exitosos, superando en la Prueba de Selección Universitaria al resto de los colegios municipales y también a los particulares subvencionados.

La fórmula para tal éxito es simple: en palabras del Director Ejecutivo de Acción Educar, Raúl Figueroa, “Su esencia es desarrollar en forma autónoma la excelencia. La clave está en el compromiso de padres, alumnos y directivos. Esa combinación virtuosa hace que superen la media”.

Pero, de un plumazo, el actual gobierno terminó con la experiencia de la educación pública más exitosa de los últimos años. Sin miramientos, vino a concluir abruptamente con este proyecto que había logrado concretar las aspiraciones de miles de familias que buscaban, dentro de sus limitados recursos, una oportunidad mejor para sus hijos.

Se evidencia en este acto mucho egoísmo, falta de espíritu cívico y tendencia a ideologizar… Triste por las familias. Terrible para la política. Nefasto para nuestra Patria. Demuestran aún menos generosidad que los reyes absolutistas de Francia.

Ellos terminaron guillotinados. Acá, afortunadamente, hemos superado tales formas de violencia, y bastará con sacarlos del gobierno para remediar este grandísimo mal.

Ariel Navarro

Director Ejecutivo “Centro de Estudios Sociedad Libre”

 

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