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La muerte de Agustín Edwards y el odio de la izquierda militante

La muerte de Agustín Edwards y el odio de la izquierda militante

Miércoles 26 de abril de 2017

La muerte Agustín Edwards Eastman ha producido una verdadera explosión de críticas a la labor ejercida por el último patriarca de El Mercurio.

La muerte Agustín Edwards Eastman ha producido una verdadera explosión de críticas a la labor ejercida por el último patriarca de El Mercurio.

Cabe recordar que este ataque sistemático a la figura de Agustín Edwards se venía ya gestando desde el 2009, con la publicación de "El Diario de Agustín" y años después (2015), cuando se concretó su expulsión del Colegio de Periodistas, con el argumento de haber sido promotor del golpe de estado de 1973.

Por último, el mismo Colegio de Periodistas, solo horas después de su muerte, emitió un comunicado destacando "el oscuro legado" que Edwards habría dejado en su rol de "soporte comunicacional de la conspiración contra el sistema democrático al servicio del golpe militar".

Declaración que sin duda llama la atención, cuando la propia presidenta del Colegio de Periodistas (al momento de la expulsión y del último comunicado), la "compañera" del PC, Javiera Olivares, guardó un vergonzoso silencio (lo mismo que acusa a Edwards) cuando fue detenido el periodista chileno Braulio Jatar por el régimen chavista de Venezuela el 2016. (ver nota de EL MURO de 8 septiembre 2016).

Hay que advertir también que durante las próximas semanas y meses los ataques a Edwards y El Mercurio continuarán. Y es natural que así sea, pues, como lo ha dejado claro la historia una y mil veces, “la izquierda no perdona".

Y eso es lo que no se debe perder de vista en estos días. Los ataques y odios resurgidos por la muerte de Agustín Edwards Eastman son, en gran parte, producto de un odio militante que sirve para argumentar y justificar la eterna excusa de la izquierda ante sus constantes fracasos políticos: la acción del pequeño grupo conspirativo que destruyó las verdaderas aspiraciones del pueblo. En esta lógica, la caída de Allende sería el producto conspirativo de una pequeña minoría que veía perjudicado sus intereses económicos en perjuicio del pueblo libre que circulaba por las grandes alamedas, olvidando de paso (la memoria selectiva es también otra característica de la izquierda) como una amplia mayoría del país marchaba en esos años pidiendo la caida del propio Salvador Allende.

Esa hipocresía y falta de honestidad intelectual propia de la izquierda es lo que ha quedado reflejado en estos días. Una supuesta indignación moral farisaica, que en el fondo, lo que no perdona, es lo que señala el último biógrafo de Edwards, el periodista Víctor Herrero, quien en una reciente entrevista en el diario The Clinic señaló: "Este Agustín es de los grandes ganadores de nuestra época porque se estableció el sistema económico por el cual venía abogando desde los años cincuenta", agregando que: "Hay un aspecto que no se ha comprendido del todo aún y es que su línea editorial es la estabilidad del país"

Y es precisamente eso lo que la izquierda no perdona y no perdonará jamás a Agustín Edwards Eastman y al Mercurio.

Como lo reafirma, en otra nota publicada en el diario The Clinic, una de las autoras de "El diario de Agustín", María José Silva: "El Mercurio ha construido la agenda conservadora, valórica y neoliberal de Chile, que no es Chile. Es una parte de nuestro país; la más cruda; la que vivimos siempre; la mayoritaria ..."

En definitiva, la izquierda chilena más que odiar a Agustín Edwards o al Mercurio, lo que en realidad odia, con todas sus fuerzas, es la derrota intelectual y cultural de los últimos 40 años. Derrota que se fue gestando desde los años 50 por iniciativa, entre otros, de Agustín Edwards Budge, (que continuaría su hijo Edwards Eastman) con la contratación de la llamada Misión Klein-Saks (primer intento por introducir las ideas de libertad económica en el país), y que buscaba solucionar la inflación aguda que para el año 1954 alcanzaba el 71% y superar el estatismo desbordado que asfixiaba al país.

Ideas de libertad económica e iniciativa individual que después continuarían con el Centro de Estudios Socioeconómicos (Cesec), patrocinado por Agustín Edwards Eastman, en el que se fueron gestando las primeras enseñanzas de la Escuela de Chicago que se difundían a través de las páginas del El Mercurio. Como reconoce el propio Víctor Herrero en su biografía: "Así, El Mercurio se convirtió en los hechos en un profesor de la derecha, inculcando en estos las teorías de la escuela neoliberal" (p. 265)

Por lo tanto, en estos días de fuertes cuestionamientos a la figura de Edwards y El Mercurio no hay que perder la perspectiva que, en la lógica de la lucha cultural de la izquierda heredera de Gramsci, los postulados socialistas en Chile fueron derrotados y algunos de los artífices de esa derrota fueron precisamente Agustín Edwards Eastman y El Mercurio, y eso, la izquierda militante no lo perdonará jamás.

EL MURO

Foto: Agencia Uno

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