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“Jaime Guzmán. Ideas y Política 1946-1973” de José Manuel Castro (2016)

Martes 3 de mayo de 2016

Volumen 1, Centro de Estudios Bicentenario, 2016, 261 pp.

El joven historiador José Manuel Castro, realiza en el libro que comentamos, un interesante estudio sobre las ideas políticas del fallecido senador Jaime Guzmán, en donde destaca especialmente, el hecho de que Jaime Guzmán tuviera la capacidad de combinar, tal vez como ningún otro político de su generación, una intensa vida política, con una sólida base intelectual puesta al servicio de esa acción.

De lo anterior, punto que también queda muy bien reflejado en la obra, se desprende como consecuencia necesaria, que las ideas y la actuación de Jaime Guzmán, son también hijas de su tiempo. Un tiempo marcado por la guerra fría y una fuerte polarización ideológica, lo que sin duda marcarán en forma importante sus ideas y propuestas políticas.

Entrando de lleno al texto que comentamos, el autor comienza su obra con la descripción de las ideas del corporativismo católico que marcan a Guzmán en su primera juventud, para evolucionar posteriormente hacia el gremialismo universitario, a través del cual van decantando algunos de los principios esenciales y permanentes que marcaran su vida política, como el principio de subsidiariedad y una visión tomista de la legitimidad del poder político.

Como señala el autor, Jaime Guzmán, en materia política, era más bien de pocas ideas, pero muy sólidas. No se enredaba en grandes disquisiciones teóricas, sino que buscaba las mejores herramientas para una acción política concreta y que produjera resultados prácticos.

El autor también intenta demostrar que Guzmán, desde muy temprano, expresa una postura crítica y distante tanto del liberalismo como del socialismo, pero sin caer tampoco en posturas de tercera vía, como el socialcristianismo, del cual también se convertiría en un fuerte crítico. En este punto, es destacable la utilización, por parte del autor, de documentos hasta ahora poco o nada trabajados en el desarrollo del pensamiento de Jaime Guzmán, como lo son sus columnas de opinión publicadas en Fiducia entre 1964-1965, el documento “A la Escuela de derecho” de marzo de 1967 (que el autor considera el documento fundacional del gremialismo), y el análisis que realiza sobre la memoria de prueba para conseguir su licenciatura en la facultad de derecho, en coautoría con Jovino Novoa y titulada “Teoría sobre la Universidad” (1970).

Sin embargo, más cuestionable resulta el capítulo dedicado a las relaciones de Jaime Guzmán con el Alessandrismo (1969-1970). A juicio del autor, Jorge Alessandri habría tenido una influencia decisiva en las ideas políticas de Guzmán y este a su vez, una participación clave en el programa de gobierno e ideas de la campaña de 1970: “Jaime Guzmán era una de las principales figuras al interior del comando de Campaña de Alessandri” (p. 142). “De ahí que, así como Guzmán veía en Alessandri a un padre, también Alessandri veía en Guzmán a un hijo, o más bien, a un ahijado político al que le asigno importantes tareas durante la campaña” (p. 143). “Así, esta campaña fue un espacio propicio para que un joven Jaime Guzmán, con tan solo 23 años, influyera en los principales lineamientos políticos que el alessandrismo expresaría durante 1970” (p. 146) y más adelante, agrega que “ …Guzmán, propicio más tarde al interior del alessandrismo una nueva lectura de la participación política que, junto con la reforma constitucional constituyeron un aspecto central del plan de Alessandri como propuesta alternativa a la de Allende o Tomic” (p. 146-147)

Además, resume los aportes de Guzmán a las ideas-fuerza de Alessandri en la campaña de 1970 como: “Guzmán propiciaba una lectura portaliana de la historia de Chile, creía que la reforma constitucional constituía el elemento programático central de Alessandri para hacer frente a los programas de gobierno de sus contendores, y hacía una apuesta por un pseudocorporativismo presidencial …” (p. 149).

Así, señala el autor, el gremialismo “logró ser incorporado a la propuesta política del alessandrismo que aspiraba a llegar a La Moneda, nutriendo de contenido los principales lineamientos en torno al concepto de participación popular que la candidatura postulaba” (p. 155).

En este punto, profusamente tratado por el autor, tenemos algunas diferencias o dudas (que tal vez se disipen en el futuro volumen II), y que dicen relación con la postura de Jaime Guzmán en relación a la tradición política de la derecha hasta esos años.

A nuestro entender, Jaime Guzmán es extremadamente consciente del fracaso e incapacidad de la derecha como sector político, durante gran parte de su historia, incluido el primer gobierno de Jorge Alessandri y cuya postura “vital” en los años 70, -si bien algo había aprendido de su amarga experiencia de gobierno-, no distaba mucho de la fórmula que lo había llevado al fracaso anteriormente.

El Alessandrismo de los años 70, seguía representando la fracasada tradición política de la derecha, inaugurada en los años 30: desprecio por la política, desprecio por los partidos políticos, creencias ciegas en las soluciones “técnicas”, “hipoteca” de su proyecto político al poder empresarial, una visión limitada de la democracia y una visión más bien aristocrática del país, además del culto a la “personalidad” que siempre han hecho tan débiles las propuestas políticas del sector.

Sin duda que Jaime Guzmán pudo haber tenido un enorme aprecio y respeto por la figura de Jorge Alessandri, como persona íntegra, con vocación de servicio, abnegada y otras tantas cualidades que muchos reconocen en la figura del ex Presidente, pero de ahí a decir que existía una “afinidad” política casi “absoluta” entre ambos, me parece que no se condice con la actuación política de Guzmán, sobre todo, en los años posteriores a 1973, en donde su acción política se fue inclinando cada vez más, en el sentido de una ruptura total con la tradición política de la centroderecha hasta aquella época, al menos en sus aspectos más esenciales, al punto de colocar el énfasis en que el gremialismo y posteriormente la UDI, no era el sucesor de ninguna de las tradiciones anteriores del sector, sino más bien el nacimiento de una nueva “alma” o “tendencia” dentro del mismo.

Algunos podrán mostrar escritos y dichos de Jaime Guzmán que se desbordan en elogios a la figura de Alessandri, pero permitiéndome citar a Jorge Luis Borges “Las opiniones son lo más superficial que hay en alguien”, la realidad es que la vida política de Guzmán, hasta su muerte, fue un constante criticar y renegar de la tradición política de la derecha (encarnada como ninguno en la figura de Alessandri), intentando siempre demostrar como el partido que fundó (UDI), era una realidad única en la historia política del país y que muy poco debía a esa tradición que él consideraba fracasada.

Por último, es de justicia destacar el anexo de importantes documentos al final del libro, que no son fáciles de encontrar, como el discurso de Guzmán en la despedida del Colegio Sagrados Corazones (1962) o su discurso de inauguración del año académico en representación de los alumnos de primer año de la facultad de derecho en 1963, su artículo “El capitalismo y los católicos de tercera posición” de 1965, “A la escuela de Derecho” de 1967, “El miedo. Síntoma de la realidad político-social chilena” (1969), entre otros.

Gonzalo Arenas Hödar

Abogado

 

 

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