UF:26.340,32 UTM:46.229,00 Dolar:658,05 Euro:700,81 Cobre US$/Libra:2,59 Petróleo WTI US$/Barril:51,08 Ipsa:4.104,19 Dow Jones:19.804,72

Funerales totalitarios: Iósef Stalin

Francisco Sanchez

Jueves 15 de diciembre de 2016

La reciente muerte de Fidel Castro, y su marco de fúnebre, no deja de llamar la atención dado el culto a la personalidad del extinto dictador caribeño.  Esto nos hace recordar algunos funerales de los “líderes del pueblo”, quienes en herméticos y cruentos sistemas totalitarios también convocaron a masas desenfrenadas y fanáticas ante sus  restos mortales, esto ya sea por convicción ante los ideales comunistas o el terror al ser inscritos en alguna lista de enemigos del régimen.

El funeral  de Iósif Stalin tiene muchos de estos elementos, desde una maquinaria propagandística a seguidores incondicionales y fanáticos, sumado a una lucha por el control del poder.  Su legado fue el fortalecimiento de un sistema totalitario en donde millones de personas fueron oprimidas y esclavizadas por el sistema socialista buscando la instauración de la anhelada “Dictadura del Proletariado”.
La muerte del líder del pueblo soviético fue la noticia №1 en todo el mundo el 5 de marzo de 1953.  En París, Lisboa, Berlín, Nueva York y miles de otras ciudades los periódicos más importantes del mundo publicaron con grandes titulares en sus portadas el fallecimiento de Stalin. En cuanto a la URSS,  en el país fue declarado un duelo de cuatro días. Todos los ministerios, departamentos, direcciones y de gestión, fábricas, universidades y escuelas se paralizaron.  El funeral fue previsto para el 9 de marzo de 1953, organizado por Nikita Jrushiov, Stalin tenía su destino en el  Mausoleo de la Plaza Roja, junto al mismísimo Lenin.

Durante su velatorio el cuerpo del dictador fue puesto en el Salón de las Columnas, donde llegaba la gente para decirle el ultimo adiós. Allí, en un pedestal, ahogado en las flores, estaba el ataúd con el cadáver. Stalin fue vestido con su uniforme gris-verde con botones de oro, junto al ataúd realizaban  guardia los más importantes líderes del partido y del gobierno.

Una fila interminable entraba y pasaba, los moscovitas ordinarios y los residentes de otras ciudades que vinieron a despedir al jefe de Estado se paseaban por breves segundos ante sus restos mortales. Se estimaba que de los 7 millones de habitantes de Moscú 2 millones querían ver al fallecido líder.

A través de una entrada especial, sin fila, ingresaban las delegaciones extranjeras. La gente común y corriente  fue durante 3 días y 3 noches formando en filas interminables. En las calles había camiones con sistemas de iluminación montados. Conmoción pública e incluso varios casos de ataques cardiacos, gente llorando en los lugares públicos así como en las escuelas, fábricas y otros lugares en donde homenajes abundaban al dictador.

La organización de la despedida fue ampliamente superada por las grandes masas de personas que asistían al velatorio,  es así como en el centro de Moscú se formó una gran multitud de personas, los soldados no fueron capaces de dividir adecuadamente el flujo de personas ante  tanta afluencia siendo desbordados en varias ocasiones. El apogeo llegó en una estampida cerca de la plaza Trubnaya en donde murieron, según cálculos aproximados, cientos  de personas, muchos otros terminaron en estado  shock, otros  se salvaban de ser aplastadas en los patios, puertas, vitrinas rotas de las tiendas, debajo de los camiones o encaramándose en árboles. Los testigos dijeron que después de la multitud se dispersó, tras una fuerte intervención de militar, en la plaza y en las calles había montones de ropa y calzado dispersos.
Ejemplo del fanatismo desenfrenado, relata la escritora Nina Caterli  “Al día siguiente fui a la casa del libro, la cual tenía una cola enorme y compré un retrato de Stalin. En casa, colgué el retrato en la pared, y luego caí de rodillas y juré que iba a entregar todas mis fuerzas por la obra del partido comunista y si es necesario la vida”.  Recordemos que el premio Nobel de Literatura chileno, Pablo Neruda, dedico una oda a Stalin en la cual, además de demostrar su admiración a Lenin y el recientemente difunto, señalaba “Frente al mar de la Isla Negra, en la mañana, icé a media asta la bandera de Chile.
Estaba solitaria la costa y una niebla de plata se mezclaba a la espuma solemne del océano.
A mitad de su mástil, en el campo de azul, la estrella solitaria de mi patria parecía una lágrima entre el cielo y la tierra. Pasó un hombre del pueblo, saludó comprendiendo, y se sacó el sombrero.

Después de la muerte de Stalin, hubo una lucha por el poder entre Lavrenti Beria, Nikita Jrushiov y Georgi Malenkov, los más cercanos al Stalin. Nikita Jrushiov obtendría el poder, la suerte fue distinta para otros, el  26 de junio del 1953 Beria fue arrestado y luego fusilado, es lo que en occidente se conocería como “la purga de poder” que terminaría con varios importantes jerarcas del régimen relegados sin privilegios.
El culto a la personalidad de Stalin fue denunciado por Nikita Jrushiov en el año 1956, y luego empezaron las rehabilitaciones de los presos de Gulag, entre ellos miles de prisioneros de la segunda guerra mundial que aún se mantenían como esclavos. 31 de octubre del 1961 el cuerpo de Stalin fue sacado del Mausoleo y enterrado junto a una pared de Kremlin, a diferencia de Lenin que  aún se puede visitar a la vista en Moscú.

El caso de Stalin corresponde a la típica maquina propagandística totalitaria, en donde se configuro el establecimiento e imposición de virtudes por sobre la cruel realidad de su régimen.  El cambio en el poder por un lado mermo su imagen, al reconocerse crueles prácticas, sin embargo no destruyo los pilares del régimen soviético.  Por muchas décadas las rotativas siguieron produciendo propaganda del líder del pueblo, el cual motivado por una doctrina violenta y excluyente, siguió siendo ejemplo para un grupo de fanáticos en la Unión Soviética y fuera de sus fronteras de “lucha de reivindicación y establecimiento de la dictadura del proletariado”.

Han pasado varias décadas desde su muerte, y aun hoy, las atrocidades de su cruel régimen sorprenden a investigadores.  Un hombre soberbio y ególatra, que junto a otros, estableció una inhumana ingeniería social, estableciendo un culto a su personalidad y administrando el poder con mano de acero.  La historia no lo absolvió de sus crimines, como tampoco, a la ideología que esparció por el mundo.

Francisco Sánchez y Roxana Viira

Circulo Acton Chile

 

El "meme" del día

Firme compañero ....

Firme compañero ....