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El legado de Salvador Allende: Primero la UP, después Chile …

Lunes 11 de septiembre de 2017

Por Gonzalo Arenas Hödar.

Que duda cabe que la vida del ex Presidente Salvador Allende se confunde con la historia de la izquierda chilena durante gran parte del siglo XX.

Por esas ironías de la historia, Salvador Allende comenzó su actividad política avalando el primer gran intento de la izquierda chilena por convertirse en un protagonista en el escenario político nacional.  Nos referimos al Golpe de Estado del 4 de junio de 1932, que derrocó al Presidente Constitucional, Juan Esteban Montero e instauró la llamada “República Socialista”.

Experiencia revolucionaria de corta vida (solo 12 días), pero en torno a la cual, el entonces joven Salvador Allende hizo sus primeras armas en la arena pública. Su actividad política se inició así apoyando un Golpe de Estado, y terminó, sufriendo él mismo, un Golpe de Estado.

Pasado los años, Salvador Allende será también uno de los socialistas más entusiastas de otro Golpe de Estado. Aquel que consolidó el triunfo de la Revolución Cubana de la mano de Fidel Castro, el 1 de enero de 1959. Salvador Allende fue uno de los primeros políticos chilenos en viajar a la isla a felicitar a Fidel y convertirse en uno de sus más adelantados discípulos.

De hecho, en enero de 1966, Salvador Allende asistía como cabeza de la delegación chilena a la llamada “Conferencia de Solidaridad Tricontinental con la Revolución Cubana”, realizada en La Habana, y en donde, además de solidarizar con la revolución de Fidel, sus participantes aceptaban la “lucha armada” como medio legítimo para obtener la “liberación de los pueblos”, quedando el propio Salvador Allende a cargo de la rama Latinoamérica de dicha conferencia.

Acorde con los anterior, en el Congreso de Chillán de noviembre de 1967, el
Partido Socialista de Salvador Allende proclamaba la “vía armada”, como única forma posible de alcanzar el poder. En la declaración se podía leer:

1.- El partido Socialista, como organización marxista-leninista, plantea la toma el poder como objeto estratégico a cumplir por esta generación, para instaurar un Estado Revolucionario que libere a Chile de la dependencia y del retraso económico y cultural e inicie la construcción del Socialismo.

2.- La violencia revolucionaria es inevitable y legítima …. solo destruyendo al aparato burocrático y militar del estado burgues puede consolidarse la revolución socialista.

3.- Las formas pacíficas o legales de lucha no conducen por sí mismas al poder. El Partido socialistas las considera como instrumentos limitados de acción, incorporados al proceso político que nos lleva a la lucha armada.

Todo esto, en momentos en que el Presidente del Senado era nada menos que el propio Salvador Allende, quien por lo demás, en entrevista publicada en El Mercurio el 1 de septiembre de 1968 señala a todo pulmón que: “La violencia revolucionaria es la respuesta a la violencia reaccionaria. A los que mantiene la injusticia por la fuerza solo puede oponerse la fuerza”.

De ahí, el 22 de enero de 1970, Salvador Allende era proclamado candidato presidencial de la Unidad Popular y el 4 de septiembre de 1970, triunfaba en las elecciones con el 36,22% de los votos.

En su primer mensaje presidencial ante el Congreso Nacional, el 21 de mayo de 1971, el flamante nuevo Presidente afirmaba que:

Los ejemplos de la URSS y de la República Popular China son elocuentes por sí mismos. Como Rusia, entonces, Chile se encuentra ante la necesidad de iniciar una manera nueva de construir la sociedad socialista …

¿Cuál era esa manera nueva? La UP y Allende creían haber encontrado la “clave mágica” de dicha combinación.

Muy fácil (como todas las ideas populistas), simplemente bastaba con aumentar la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. Así, al aumentar su capacidad económica, se generaría una mayor demanda, lo que haría que la producción, a su vez, aumentara, (en la creencia de que la economía chilena tenía altos niveles de capacidad ociosa) y puesto que el aumento del consumo se haría en base a las nuevas capacidades económicas de los trabajadores, estos comprarían aquellos productos más básicos e intensivos en mano de obra, con lo cual también se reduciría el desempleo.

Para eso, durante el primer año de la UP Allende aumentó en un 66% el salario mínimo, además de incrementar el gasto fiscal  en un 70% para fines de 1971, pasando de 19 a 33 millones de escudos.

Pero como todo lo anterior no se podía realizar sin dinero, a los “genios” de la UP no se le ocurrió nada más novedoso que aumentar el dinero circulante en un 110% durante ese primer año, además de gastar todas las reservas internacionales del país que se habían acumulado en los últimos años por el alza internacional en el precio del cobre. De esta forma, las reservas internacionales pasaron de US$ 343,4 millones en 1969 a solo US$ 32,3 millones a diciembre de 1971.

¿El resultado?, el que cabía esperar, pan para hoy y hambre para mañana.

El primer año de la UP el PIB aumentó en un 8,6%, a la vez que disminuía el desempleo. Sin embargo, la “gran farra” no podía durar para siempre y así, a fines de 1972, la inflación llegaba al 163%, alcanzando en octubre de 1973 la cifra récord de 528%.

A lo anterior, se sumaba la destrucción de la capacidad económica del país mediante las tomas de fundos, las que pasaron de 148 en 1969, a 1.278 en 1971, y la expropiación de más de 1.300 propiedades agrícolas durante su primer año de gobierno. Al mismo tiempo, más 320 empresas productivas eran estatizadas.

El resto de la historia es ya bastante conocida. La destrucción política, económica y social de Chile que terminó con el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y cuyo principal responsable no es otro que el propio Salvador Allende Goosens.

Sin embargo, la pregunta de fondos es ¿era necesaria esta política?

La respuesta es NO, como lo demuestra una de las obras más importantes sobre el quiebre de la democracia en Chile, y de la cual hemos obtenido los datos para este artículo (“El quiebre de la democracia en Chile” de Arturo Valenzuela).

Hacia 1969, Chile no enfrentaba una crisis económica que obligara a tomar medidas tan extremas. Es más, la década del 60 era levemente mejor que la del 50 y el nivel de vida mejoraba, aunque lentamente.

Así, lo único que justificaba la extrema política económica de Salvador Allende, no era más que consolidar un apoyo político mayoritario hacia la Unidad Popular, toda vez que el Presidente solo había sido elegido con un tercio de los votos.

Es decir, esta política económica de la UP tenía una finalidad política y no económica y menos nacional. Las medidas implementadas buscaban recoger dividendos políticos más que mejorar la calidad de vida de las personas y es ese, precisamente, el gran “legado” o más bien “lección” que nos deja el Gobierno de Salvador Allende: cuando se pone en primer lugar el éxito de un sector político por sobre el éxito del país, todo termina en un desastre.

“Primero la UP, después Chile …”, ese es el único gran “legado” de Salvador Allende Goseens.

Gonzalo Arenas Hödar

Abogado

Magíster en Historia

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