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Daniel Mansuy y Macron: “sería un error ver su votación de 65% como un voto de adhesión”

Daniel Mansuy y Macron: “sería un error ver su votación de 65% como un voto de adhesión”

Martes 9 de mayo de 2017

Para el investigador del IES y gran conocedor de la realidad política francesa, “en rigor, quienes rechazan su programa por distintos motivos son claramente mayoritarios hoy en Francia.”

“El problema estriba en que la clase política francesa se ha negado sistemáticamente a ver esta realidad, regalándole una enorme masa de electores al Frente Nacional, cuyo programa es tan peligroso como simplista. En muchos sentidos, el éxito del discurso nacionalista es efecto directo de la indolencia de las elites gobernantes respecto de esta nueva forma de lucha de clases (que, paradójicamente, la izquierda observa desde fuera). Muchos ven en Macron una luz de esperanza, pero en rigor su trayectoria encarna hasta la caricatura todas y cada una de estas dificultades.

Después de todo, es un banquero que llegó a ser favorito de las revistas de papel couché. Si Macron quiere ser algo más que una anécdota a la espera del triunfo de Marine Le Pen en cinco o diez años más, debe asumir el desafío mayúsculo de integrar en su acción y discurso no solo a los emprendedores de este mundo, sino también a aquellos que viven la otra cara de la moneda. Eso que los griegos llamaban política”.

Así anticipaba Daniel Mansuy (doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de  Rennes en Francia, director de estudios del IES y autor del comentado libro Nos fuimos quedando en silencio) la contienda electoral gala que finalmente se ha decidido en favor del ex socialista Emmanuel Macron.

Ya con el triunfo conocido, ahora el nuevo mandamás en Francia busca evitar el llamado “síndrome Hollande”, ése discurso lleno de promesas electorales seguido de una casi inepta y decepcionante actividad gubernamental.

La ruta de gobierno para Macron se espera agitada desde el comienzo. Hará un hito relevante en esta primera etapa: un encuentro con la líder alemana Angela Merkel, donde ambos esperan abordar el tema de la “refundación” que pareciera requerir de manera urgente el “sueño europeo” que ha sido torpedeado por el  nacionalismo y el euroescepticismo.

La tarea no es sencilla para Macron, ya que se encuentra en medio de un escenario especialmente volátil y nuevo: cercado por el nacionalismo de los liderados por Marine Le Pen y apenas la silueta difusa de un socialismo galo que ha quedado reducido a cenizas electorales.

En conversación con EL MURO, Daniel Mansuy, amplio conocedor de la realidad política francesa, analiza las lecturas que deja la elección de este fin de semana.

 ¿Marine Le Pen ha dicho que "los franceses han votado por la continuidad". ¿Es efectivamente Macron símbolo de continuismo?

-Macron logró una proeza​ muy difícil en política: encarnar la ruptura cuando todo indica que eres continuidad. Como sea, Sarkozy hizo algo parecido el 2007, siendo ministro y candidato crítico de su propio gobierno. Macron encarna a la perfección la clase dirigente francesa de los últimos 30 o 40 años, tanto en términos personales como doctrinarios, ya que es un liberal proeuropeo, personaje más que clásico de la política francesa. Ahora bien, políticamente Macron sí tomó decisiones rupturistas al querer romper el eje derecha-izquierda, pero está por verse si logra materializarlas. En ese sentido, las elecciones legislativas serán decisivas.

-Algunos analistas dicen que Macron ganó las elecciones, pero que de verdad le queda por demostrar es que puede triunfar en una Francia profundamente resquebrajada...

​-​El desafío que tiene Macron es gigantesco. Supongo que él mismo lo tiene claro, pero hay un dato innegable: el modo de gobernar Francia en los últimos decenios ha sido ​caldo de cultivo para el Frente Nacional, que ya alcanza más de 30% en segunda vuelta. Si Macron sigue haciendo lo mismo, uno puede pronosticar que ese porcentaje seguirá subiendo. Hacerse cargo de las causas de ese 30% o 35%, en lugar de seguir moralizando la discusión, al convertir sistemáticamente a esos votantes en perversos racistas, es un trabajo indispensable para poder darle unidad a un cuerpo político que parece profundamente dividido.

¿Cómo debe entenderse que el nacionalismo de Le Pen no haya podido llegar al 40%? ¿Es una dura derrota o más bien debe analizarse como anticipo de lo un triunfo que puede darse en un futuro próximo?

-Por de pronto, debe decirse que el discurso del Frente Nacional produce mucho rechazo. Además, la discusión tiende a darse en un eje moral de bien y mal, de generosidad y egoísmo, de humanismo y racismo. Y así. Agrego también que Marine Le Pen no hizo una buena campaña. No impuso temas ni ejes y su desempeño en el debate fue bien lamentable, donde se dejó ver en todo su simplismo y vulgaridad. Dicho eso, lo sorprendente es que ese discurso, con todas esas limitantes, supere el 30%. Ese dato, me parece, es el realmente preocupante.

-Como sea, muchos dicen que con este resultado peligra el liderazgo de Le Pen y que el partido debe entrar en una renovación profunda, probablemente con cambio de liderazgo... 

​-El Frente Nacional, en efecto, no parece ser el instrumento más adecuado para hacerse cargo de un descontento bastante masivo que existe en Francia. Por dar un dato: nadie ha sido capaz de reunir políticamente al voto “No” por el que se rechazó la Constitución europea el 2005. No puede descartarse un cambio político más profundo y una renovación de liderazgo. Sin embargo, dudo que Marine Le Pen se retire pacíficamente. Eso va a ser muy conflictivo. ​

La izquierda en problemas

-En Francia y otros países europeos pareciera haber un impulso de las elites locales por el europeísmo, pero grandes porciones de la población no parecieran convencidas de sus beneficios. ¿Hay un distanciamiento evidente entre estas dos visiones?

-Sí, y me parece que esa es la principal lección de estos comicios. Es impresionante, por ejemplo, mirar los mapas electorales franceses: están las zonas exitosas, que se han beneficiado con los efectos de la globalización, que votan por candidatos más bien internos al sistema; y las zonas desindustrializadas y expuestas a grandes olas migratorias, que votan mayoritariamente por candidatos antisistema, sean de derecha o izquierda. El país se ha ido escindiendo y no será fácil reconciliarlo. La naturaleza del proyecto europeo es, sin duda, el principal eje de discusión, pero no es el único.​

-En medio de este panorama, ¿cómo se explica el hecho de que Macron, un ex banquero cercano al glamour triunfe de manera tan categórica?

-Es un fenómeno bien curioso, pero que tiene algunos motivos coyunturales. No está de más recordar que Hollande fue electo presidente de Francia casi por casualidad, tras el escándalo sexual de Dominique Strauss Kahn, y también por el rechazo que producía la figura de Sarkozy. Macron también tuvo condiciones excepcionales. Por un lado, la debacle del partido socialista, desgastado por un gobierno desastroso de Hollande, y también por la fallida experiencia de las primarias, que generaron un candidato del aparato incapaz de hablarle al conjunto del electorado. Por otro lado, los escándalos de Fillon dejaron también muy debilitada a la derecha, que tenía todas las de ganar la elección. Desde luego, Macron fue muy hábil para aprovechar esas oportunidades, pero sería un error ver su votación de 65% como un voto de adhesión. En rigor, quienes rechazan su programa por distintos motivos son claramente mayoritarios hoy en Francia.

-Como sea, pareciera que la noticia más relevante en Francia es el ocaso del socialismo galo, relegado ahora como fuerza menor. ¿Qué dice esta debacle del socialismo francés?

​-El socialismo francés ha sido presa de sus contradicciones y de su inconsistencia doctrinaria. Dado que no se ha atrevido a convertirse a la socialdemocracia, ni a inclinarse decididamente a su izquierda, oscilando entre las dos posiciones, ha terminado horadado tanto por el centro con Macron como por la izquierda de Mélenchon. Es un poco trágico, pero me parece el fruto natural de una indefinición doctrinaria que ya ha durado demasiados años.​

-Algo parecido al socialismo francés ha sucedido en España y muchos sospechan que pueda pasar también en Chile. ¿Existe un proceso de descomposición en el socialismo internacional que pareciera no tener respuesta ni relato a los desafíos actuales?

​-Sí, la izquierda con vocación de gobierno tiene dificultades enormes para hacerle frente a una situación que no termina de comprender y la administración Hollande fue un claro reflejo de aquello. Todavía no logran dar con un diagnóstico y una propuesta suficientemente afinados como para elaborar un discurso creíble.

El MURO

 

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