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¿Como vender el liberalismo?

Florian Kriener

Jueves 2 de marzo de 2017

Exactamente 4,8 % de los votos en la elección general de 2013 sacó el partido liberal en Alemania (FDP, por sus siglas en alemán) y así quedó fuera del parlamento. Cayó de un 14,6 % en el 2009 y de la alianza con la CDU de Angela Merkel en el gobierno a un partido desapreciado e ignorado. ¿Qué había pasado?

En el 2009, bajo Guido Westerwelle, la FDP había prometido a sus votantes una rebaja de impuestos. La campaña electoral se enfocó en su totalidad en este lema e igualó el liberalismo en un eslogan. Prometió a todo el pueblo alemán que iban a recibir más “neto del bruto”. Con la crisis económica de 2008 y el aumento del gasto fiscal en Alemania, no quedó plazo fiscal para rebajar impuestos. Aunque era uno de los partidos gobernantes no podían promover este cambio fiscal y lo peor era, que no promovían nada más. La FDP quedó con el lema, que ellos sólo querían promover una rebaja de impuestos y que el mensaje liberal no tenía más caras. ¿Pero el liberalismo es sólo la rebaja de impuestos?  

¡El liberalismo es mucho más! En un sistema de coordenadas de las ideologías políticas hay tres ejes fundamentales. El conservadurismo, que reclama un Estado fuerte, el cual protege a la población y al sistema contemporáneo; el socialismo, que quiere promover un cambio en la sociedad a través del Estado hacía la redistribución de los bienes y medios; y tercero, el liberalismo que quiere otorgar a cada individuo la decisión autónoma de como persigue su felicidad.  Estos tres ejes van todos en direcciones opuestas y en temas claves como la educación, los impuestos, la seguridad y las relaciones internacionales promueven ideas totalmente opuestas. Sin embargo, en Alemania como Chile, el liberalismo es percibido como un sector de la derecha.

El liberalismo se enfoca en la persona y quiere alejarla de las arbitrariedades del Estado. Durante la percepción del liberalismo los teóricos y militantes siempre pedían la igualdad de derechos frente al Estado para todos. Sólo en base a esta igualdad de derechos el individuo podría alcanzar sus propias metas, dado que sólo en la igualdad de oportunidades, de un punto de vista normativa, se podría competir libremente y sin obstáculos para el propio cumplimiento. En una sociedad liberal todos deben tener una pluralidad de oportunidades de los cuales puedan elegir para su propia felicidad. La Constitución de EE.UU le asigna el nombre de “inalienable rights” y “pursuit of happiness” a estos conceptos. Y este mensaje clave del liberalismo sigue con relevancia en la actualidad. Por ejemplo, los programas de vigilancia de la NSA están erosionando la privacidad individual, la sobrerregulación de las empresas por el estado crea costos adicionales en las empresas que recaen en el consumidor y  el acceso a la justicia es más difícil para los grupos marginalizados. Más liberalismo podría fortalecer los derechos de las personas y abrir más oportunidades para las personas en estos ámbitos. 

Sin embargo, el llamado a menos vigilancia, menos regulación e igualdad de derechos para todos no se hizo fuertemente en la última década y sobre todo, no ha logrado convencer a votantes de su validez. El ejemplo más reciente de una apatía frente al liberalismo fue la elección de Donald Trump en EE.UU. La retórica utilizado por Trump atacó los fundamentos de una sociedad liberal y sus primeros pasos en la Casa Blanca siguen este modelo. Al parecer hubo muchos votantes en la elección presidencial de 2016 que no prefieren una pluralidad de oportunidades en un mundo globalizado, sino un estado fuerte frente al terrorismo que protege los intereses económicos nacionales. Sin embargo, los economistas dicen justamente que los grupos de los consumidores serán los perdedores de un proteccionismo creciente. Dado a esta dicotomía se plantea la pregunta clave, partiendo de la base que el liberalismo puede otorgar una pluralidad de beneficios y oportunidades a las personas de una sociedad: ¿cómo se puede “vender” el liberalismo?

Para “vender” una idea, ella debe ser simple, fácil de captar y convencedora. En Chile hay promotores del liberalismo que demonizan a la palabra igualdad y a los receptores para construir sus argumentos. Primero, esta estructura de razonamiento no reconoce el valor clave de la igualdad en el liberalismo. La igualdad en derecho y oportunidades es la base de la cual la idea liberal fue construida y justamente no es el concepto contra el cual combate. Además, esta retórica de demonizar a otros sectores ya ha sido empleado exitosamente por sectores de la izquierda radical. La creación de líneas de conflicto ideológicas entre los endeudados y los bancos, el pueblo indígena y los carabineros, los estudiantes y el gobierno y las regiones y Santiago fue parte de la base de la cual se construyeron los nuevos grupos de la izquierda radical. Crear tensiones y conflictos en la sociedad no es viable para el desarrollo de las ideas liberales, dado que justo quiere establecer la igualdad en derechos de todos y no quitarle derechos a algunos.

Lo que sería viable para vender el liberalismo es una retórica del trato igualitario. Igualitario en el sentido que todos tengan los mismos derechos y que el estado no favorezca a algunos. Este mensaje se puede vender porque es simple de captar. No queremos que el sistema de justicia excluya a alguien por su color de piel, no queremos que alguien sea beneficiado por sus ingresos bajos, no queremos que el estado invade nuestra privacidad de forma continua, pero no en la privacidad de otros. Queremos que todos tengan los mismos derechos y puedan seguir como ellos quieran su camino hacia la libertad. La retórica del trato igualitario podría vender el liberalismo.

Florian Kriener
Estudiante U. de Heidelberg
Analista invitado Circulo Acton

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