Un buen solista no basta ….

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Con la presencia de la Orquesta Sinfónica del Estado de Estambul dirigida por Milan Turkovic junto al famoso violinista ruso Vadim Repin, conformaron el tercer programa de abono de la temporada de Corpartes, en la sala CA660.

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Luego de una triunfal presentación de la Kammerakademie Potsdam junto a Trevor Pinnock y Emmanuele Pahud, las altas expectativas de esta presentación estaban mejor cifradas en la figura de Repin -sin duda uno de los más grandes violinistas en los últimos 20 años- por sobre la orquesta visitante (que reemplazó a la originalmente prevista, la Filarmónica de Praga).

Conforme los estándares de agrupaciones que han venido a Corpartes, el debut de esta orquesta turca no gravitó mayormente en calidad, no obstante demostró debido profesionalismo y entrega. Quizás la figura del maestro invitado Milan Turkovic -destacado fagotista y de interesante experiencia como director-  no fue la más indicada en haberle sacado mayor partido a su potencial, al no percibirse un fino trabajo de resolución sonora que definiera mejor su impronta, percibiéndose a una agrupación sin mayor personalidad de conjunto, no obstante con fortalezas individuales (buenas maderas, bronces y percusión, aunque cuerdas no homogéneas, con disciplinada fila de violines, pero imprecisa y débil presencia de la cuerda baja).

Como primera obra se ofreció de Nevit Kodalli (1924-2009) la Suite “Telli Turna”, amable pieza como para conocer algo del movimiento composicional docto turco. Escrita en 1969 y de claras raíces nativas, esta obra alude al nombre de un ave típica del Asia Central. La entrega obtuvo animado e idiomático carácter.

Seguidamente, una esperada versión del Concierto para Violín de Jan Sibelius junto a Vadim Repin, debutante también en Chile. De personal y virtuosa escritura, este concierto es fundamental en el repertorio para violín por su compleja estética y discurso. Requiere verdaderamente de un “súper solista” más un magnífico director. Esta verdadera “sinfonía con violín solista” debe conjugar ora desgarro ora equilibrada dosis de contención, para no caer en lo almibarado ni menos en lo neurótico, dada su monolítica estructura, entre fría, pesada y oscura, aunque de genuina expresividad de sentimientos y en directa clave romántica. 

Vadim Repin, a quien se le conocía su versión del Sibelius, no defraudó en enfoque, proveyendo el recio carácter requerido, con amplias (y sentidas) exposiciones melódicas, equilibrados tempi, precisos ataques e inteligencia en la administración de los matices y planos sonoros. De pasmosa calidad de sonido, saca máximo partido a su actual instrumento (un magnífico Stravidari de 1733 “Rode”), con una proyección sonora generosa y envolvente, no siempre cálida, aunque de completo idiomatismo para la obra.

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Lamentablemente, la correspondencia de la orquesta y la batuta no estuvieron al nivel del magnífico solista, con marcaciones imprecisas, entradas falsas de la orquesta y momentos de peligrosos descuadres, incidiendo algo en el rendimiento del solista, especialmente en el complicado tercer movimiento, de rapsódico carácter e implacable precisión rítmica. Lamentablemente, Repin no se animó a ofrecer algún encore… : ¿En señal de incomodidad?…

En la segunda parte, con la Octava Sinfonía de A. Dvorak, obra ofrecida semanas atrás por la Sinfónica Nacional en una versión de absoluta referencia dirigida por Josep Caballe, no dejaba de tener expectativas la versión de los turcos junto al austríaco-croata Milan Turkovic. Si bien no hubo deseable homogeneidad global en balances y timbres, empero las ideas musicales del maestro Turkovic dieron cuenta de conocimiento de la obra y certero enfoque.

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No obstante destemples en los tuttis más débiles resoluciones de dinámica (básicamente en el primer movimiento), hubo interesantes logros, como una lúdica construcción del segundo movimiento (amable juego en los ritardando y accelerando, no perdiendo sentido de contexto), cálido enfoque en el tercero y cautivante progresión expresiva en el cuarto. Buenos rendimientos individuales como el excelente flautista solista y maderas en general, asimismo atenta respuesta de los bronces (muy bien la trompeta solista). Ante la buena recepción de la audiencia, fuera de programa se ofreció “Scherzo” (parte de “Esintiler” (Inspiraciones)), colorística pieza del compositor turco Ferit Tuzun (1929-1977), basada en un canto popular, y una ajustada versión de la Obertura de Las Bodas de Figaro, de Mozart.

En suma, una interesante presentación, con un solista de fuste que dio cuenta de su trayectoria, aunque no con el nivel de complemento deseado…

Jaime Torres Gómez

 

 

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