¿Qué pasaría si pensáramos en el SENAME como si fuese un vientre materno?

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En el diálogo La República, Platón, al encontrar serias dificultades para definir la justicia como virtud del alma humana, propone un método. Se trata de proyectar el alma a una dimensión macroscópica. Establece así un interesante paralelo entre las partes del alma y las partes de la ciudad, y esto le permite avanzar con mayor precisión en la búsqueda conceptual de la justicia. Mutatis mutandis, podríamos pensar en el Servicio Nacional del Menor (SENAME) como una proyección macroscópica del vientre materno. Ciertamente, reconforta comprobar la indignación unánime causada por la muerte de los niños en el interior de una institución cuya misión principal es, precisamente, cuidar de sus vidas. Ahora bien, una analogía entre el SENAME y el vientre materno podría hacernos ver mejor, como con una lente de aumento, lo que está mal en las tres causales que legitimarían el aborto. La validez de la analogía depende, creo, del hecho de que consideremos al embrión humano como un ser humano al que nada le falta para ser considerado humano. Y en este sentido, la fijación de un umbral de humanización fetal no puede sino ser arbitraria. Algunos proponen el criterio de la aparición del neocórtex como el límite entre lo pre-humano y lo humano. Esto no tiene sentido, pues para que aparezca el neocórtex se requieren ciertas condiciones previas que lo posibiliten, condiciones que han requerido de otras y así sucesivamente hasta llegar al momento originario, que es el de la fecundación. La única posibilidad de fijar un momento humano del feto sin caer en arbitrariedades es el momento de la fecundación. Pensemos ahora en estas tres posibilidades: Primero, ¿estaría bien provocar la muerte de un niño alojado en el SENAME, argumentando que éste fue concebido en una violación? Segundo: ¿sería aceptable procurar el fallecimiento de un niño portador de una grave discapacidad? Tercero: ¿podríamos justificar la eliminación de un menor porque ya se ve en él cierta “peligrosidad” para el cuerpo social? Supongo que la respuesta unánime es negativa. Si la analogía que propongo es válida (y tengo buenas razones para pensar que lo es), entonces, cualquier muerte de esos menores causada por la desatención inexcusable de la institución, es comparable a un aborto voluntario. Así como nos indignamos justamente por las muertes de esos niños del SENAME, también deberíamos hacerlo con las que se pretende legalizar para el vientre materno. Lo contrario sería algo fluctuante entre la hipocresía y la incoherencia.

Jorge Martínez B.

Doctor en Filosofía

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