Irwin Hoffman: La partida de un artesano de la música …

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El pasado 19 de marzo, a los 93 años, falleció el destacado director de orquesta norteamericano Irwin Hoffman, ex titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile en los 90.

La gravitación de este maestro en el desarrollo de varias orquestas latinoamericanas fue de envergadura, luego de una amplia experiencia previa con orquestas e instituciones de primer orden en Estados Unidos y Europa. De hecho, su mayor aporte se centró en una admirable labor formativa y fundacional -de genuino apostolado-, liderando, en varios casos, orquestas de nivel medio para posicionarlas a sorprendentes estándares cualitativos, conforme su innegable talento, solvente formación académica y recia voluntad por elevar el nivel.

De fuerte personalidad, no estuvo exento de detractores y polémicas, por cuanto, de alguna forma, Hoffman respondió a una época donde los directores tenían una verticalidad de conducción a veces sin límites, incluso, eufemísticamente hablando, llegando a umbrales de la “completa reverencia y culto al director”… , es decir, con visos de verdaderos reyezuelos, en la óptica actual…

Para algunos Hoffman representó lo anterior, como a otros simplemente una figura paternal de completo referente. En concreto, lo uno o lo otro, a la postre se trató de una gran autoridad musical, logrando resultados deslumbrantes en buena parte de las orquestas que colaboró.

En otro flanco, hasta hoy resulta curioso el porqué Hoffman no perseveró en continuar colaborando más activamente con orquestas de primera línea norteamericanas y europeas (sin ser titular, tuvo una inmejorable posición de Director Activo en la famosa Chicago Symphony, titular de la Orquesta de la Radio y T.V. Belga, incluyendo la Dirección Artística del prestigioso Concurso Reina Elizabeth de Bélgica, entre varias), culminando su carrera en los últimos 30 años básicamente en Latinoamérica (titular de la Sinfónica Nacional de Costa, Sinfónica Nacional de Colombia, Filarmónicas de Bogotá y Calí, y Sinfónica Nacional de Chile, además de haber dirigido como invitado casi la totalidad de las orquestas de Centro y Sud América). Así, ante una fuerte vocación de expandirse al máximo de latitudes por desarrollar orquestas, se explica su último tercio de actividad…

La llegada a Chile del maestro Hoffman se remonta a 1991, en Frutillar, siendo inmediatamente convocado para dirigir una serie de conciertos en la temporada oficial de la Sinfónica. Posteriormente, ante su deslumbrante desempeño, comienza a tener mayor colaboración hasta convertirse en titular. De hecho, su titularato definitivamente fue uno de los más extraordinarios en la historia de la Sinfónica, logrando una cohesión de ensemble raras veces lograda por la decana sinfónica nacional. A esto se agrega la llegada de jóvenes y talentosos músicos que facilitaron un eficaz trabajo formativo.

En cuanto a los énfasis programáticos en su época de titular, estos discurrieron más hacia una profundización del repertorio tradicional por sobre un mayor compromiso con la música chilena y latinoamericana, opción en parte discutible… Sin embargo, debe tenerse presente que el trabajo de Hoffman se vio interrumpido ante su intempestiva renuncia, sin duda frente a cierta incompatibilidad con otro tipo de liderazgo que estaba cerniéndose en el seno de la Sinfónica, el cual obedecía a una visión radicalmente distinta a su proyecto musical y la forma de llevarlo a cabo… En consecuencia, si se hubiera dado un mayor horizonte de tiempo para culminar su proyecto artístico, probablemente se habría incrementado el repertorio y con excelencia de resultados… Lamentablemente, luego de su salida, no se dieron las circunstancias para retornar como invitado, teniendo con creces méritos para ello… Y por cierto, la Sinfónica jamás ha logrado recuperar el nivel alcanzado por el maestro Hoffman tras su partida… , constituyendo definitivamente uno de los períodos de oro de su historia…

Hoffman, de alguna manera, fue un verdadero artesano de la música, esculpiendo con puntilloso oficio cada detalle de las obras que abordaba. Tuvo la virtud de moldear una arquitectura sonora con certera visión del todo sin desvanecerse en singularidades, y comprendiendo en profundidad la esencia de cada partitura. Su entendimiento de los diversos tipos de repertorio fue cabal, más una virtud de traducirlos con elocuencia de cátedra a sus dirigidos.

Seguramente, con la ponderación del tiempo, se justipreciará aún más el gran legado del maestro Hoffman al desarrollo de las orquestas que colaboró, y particularmente su paso por Chile, imposible soslayarlo…

Jaime Torres Gómez

 

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