Un concepto errado de libertad

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Con el aumento reciente del monto del sueldo mínimo de $ 270 mil a $ 276 mil, se alzaron las nunca mal queridas voces que reparan en lo exiguo del monto y en los pocos trabajos que se han hecho para erradicar la pobreza en este país. La Fundación SOL llegó a afirmar que era inconcebible que quien trabajara 45 horas fuera pobre. A ello se sumaron las personas que en redes sociales exigieron que este sueldo mínimo fuese aumentado. Sería coherente tal petición, argumentan algunos, en tanto no son libres quienes padecen necesidad. Si bien esto último suena muy bien para ganar votos, esta noción de libertad esconde una contradicción obvia que pareciera pasar inadvertida para aquellos que la profieren. En ese sentido, podría decirse, sin temor a equívocos, que dicho concepto de libertad es un error y a la vez un peligro.

Por un lado, ¿es que acaso existe alguna persona que no sienta alguna carencia o necesidad? Las necesidades y carencias, a medida que se mejora la capacidad de satisfacer las más urgentes y básicas, aumentan o cambian con el tiempo, pero nunca desaparecen. Incluso, llegan a transformarse en necesidad aquellas que antes, en condiciones materiales distintas, no lo eran. Sin embargo, algún tipo de carencia o necesidad siempre permanece. En ese sentido, las necesidades y carencias, si bien cambiantes, son infinitas e imperecederas.

Sumado a lo anterior, los bienes y servicios a nuestro alcance para suplir

dichas necesidades siempre crecientes, son escasos. No hay remedio a esa condición económica básica. Por ejemplo, quien fuese un multimillonario, con amplios recursos disponibles, pareciera ser capaz de conseguir todo lo que quisiera. No obstante esa apariencia, realmente el multimillonario carece de tiempo o de espacio o de condiciones materiales para ir, solo a modo de ilustración, a una fiesta en París e ir a un evento benéfico en Chile al mismo tiempo. Todos parecen carecer o necesitar algo, independiente de su condición económica.

Si la libertad efectivamente se relaciona con condiciones materiales siempre escasas para satisfacer carencias o necesidades siempre dinámicas, llegamos a la absurda conclusión de que nadie es realmente libre en ningún sentido posible en ninguna época. Estas voces críticas que luchan por la libertad, no advierten que, siguiendo el carril de sus propios términos, dicha libertad sería imposible. ¿Cómo ser libres alguna vez o de algún modo si siempre subsiste algún tipo de necesidad insalvable materialmente? Todos seríamos invariablemente esclavos de la necesidad y la carencia, aunque de modos diferentes, y quizá sea este último punto el decisivo.

Más allá de la contradicción que esta noción de libertad ya mencionada implica, nos encontramos con que esta idea de una libertad atada a las condiciones materiales, se ajusta a un determinado concepto de justicia que atiende a la deseabilidad de un status distinto y superior en que todos los sujetos pudiesen suplir sus necesidades y carencias. De este modo, solo en ese mundo carente de carencias y necesidades, el hombre podría ser realmente libre. Más allá de lo deseable o no de dicho mundo,  ¿es acaso posible una situación así? Algunos prefieren ser quijotes y no sanchos, de modo que se enfrascan en una lucha constante por crear las condiciones necesarias para crear esa utopía celestial en que todos los seres humanos no tengamos más necesidades ni carencias. Sin embargo, avanzado un poco el camino, los líderes en la campaña por dichas utopías, en el ejercicio político real, se van dando cuenta de la imposibilidad de que seamos todos libres en dichos términos absolutos, de modo que el enfoque del discurso político que controla a las masas sedientas de libertad se traslada de un irrealizable hombre nuevo, totalmente libre de toda carencia o necesidad, a un problema urgente de desigualdad insufrible en esa sociedad que se quiere construir puesto que no todos podemos ser igualmente libres, de forma relativa, y recorrer el camino hacia una libertad posible en este mundo en tanto existan diferencias materialmente sustantivas. Esta vez ya no importa que el multimillonario carezca de tiempo y espacio, o de las condiciones materiales para estar en dos lugares a la vez, sino que yo ni siquiera pueda concebir la posibilidad de tener ese problema de elección, pues poseo más carencias y, por lo mismo, posiblemente sea menos libre que él.

En ello radica el peligro de asociar libertad con condiciones materiales pues, asociada a determinada postura o concepto de justicia, hace parecer deseable una condición en que todos seamos igualmente libres de forma relativa, lo cual solo se ha logrado haciendo a todos igualmente pobres, en contraste a un estado o condición en que si bien existe desigualdad material, todos, sin embargo, estamos mejor, como dice Axel Kaiser.

La libertad, como la han planteado durante siglos los liberales clásicos, se entiende de manera más coherente y es al menos más humana y lógicamente concebible, en tanto defienda la capacidad mutuamente reconocida de determinar cada uno su proyecto de vida con prescindencia de coerción y violencia ajena. Asociarla a condiciones materiales y no a espacios libres personales de coerción externa mutuamente reconocidas, solo aumenta el desconcierto y la confusión, además de ser un caldo de cultivo propicio para populistas inescrupulosos que prometen crear el Paraíso con los nueve cielos de Dante en la Tierra.

William Tapia Chacana, Filósofo

 

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